17
noviembre
1997

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El hombre no nace, se hace...al igual que la mujer

Cuando escuchamos la frase "hacerse hombre" como un objetivo que deben alcanzar los niños y jóvenes de sexo masculino, pocas veces nos detenemos a pensar qué significa en el proceso de una persona que debe adaptarse a un rol social y a unos cánones culturales que definen las características propias de un ser humano varón. Del mismo modo que las mujeres ven trazado su camino en la cultura, las costumbres, las instituciones y las relaciones sociales, los hombres tienen ante sí exigencias que, a la manera de una carrera que jamás termina, les obliga a mantenerse en permanente tensión. Existe un modelo de identificación para los hombres que, por una parte, les dice que ser varón es muy importante y por otra los desafía a destacarse en algún espacio de la vida pública.
    Los varones poseen un modelo amplio que les permite identificarse con el género de mayor prestigio social y con más poder. Ese enfoque que podría ser tranquilizador y gratificante y que en muchos casos lo es, se transforma en una fuente de angustia para la mayoría de los hombres que no son estadistas, ni son artistas, ni son jefes, en una permanente exigencia por cumplir con el modelo, aunque sea ejerciendo poder sobre la mujer y los hijos, porque de otro modo no podrán sentirse hombres de verdad.
    En el proceso de construcción de la masculinidad, los varones ven reprimidos muchos aspectos de su individualidad, como la afectividad o el interés por lo doméstico, y se les estimula desde niños todas aquellas cualidades que les sirvan para ser exitosos en la vida pública y les hagan diferentes de las mujeres.
    Argumentos ha incluído permanentemente en sus páginas aspectos de la convivencia social que muestran la situación discriminada de las mujeres y sus esfuerzos para lograr la equidad. En esta oportunidad aborda el tema de la construcción de la masculinidad, no con la intención de indicarles a los hombres qué deben hacer o cómo deben ser, sino para mostrar que los cambios de los unos y las otras están relacionados y que la reflexión sobre su propia condición abre mayores posibilidades de encuentro entre mujeres y hombres más plenos.
 
 


Sabía que...
cada año mueren 10 veces más hombres por situaciones violentas que mujeres.
Las exigencias del ser hombre
Para convertirse en hombre, un ser humano nacido varón se ve enfrentado a la exigencia: de identificación con el género masculino en general, a separarse de todas aquellas características, comportamientos y actitudes que puedan asemejarle a las mujeres e intentar permanentemente diferenciarse de ellas. Cumplir con este objetivo le obliga a distanciarse de la afectividad e inclinarse a la agresividad, muchas veces impidiendo que se pueda expresar libremente como individuo. Las pautas masculinas pueden variar de época en época, de lugar en lugar y entre sectores sociales, pero se conserva la característica de que sus actividades son y tienen que ser más importantes. Hasta donde se sabe, esto ha sido así en la mayoría de las sociedades, en los últimos cinco mil años. Las culturas matriarcales constituyen una excepción en la historia de la humanidad.
    Según el sociólogo español Josep Vicent Marqués, en realidad no se nace niño o niña sino persona con unas características sexuales (y sólo sexuales), de un tipo o de otro. El varón se construye socialmente reduciendo por una parte las diferencias personales entre los individuos varones, tratando de uniformizarlos en torno a un modelo de sujeto masculino. Por otra, se trata de aumentar las diferencias que todos los varones podrían tener con las mujeres, las que son sometidas a un proceso semejante de reducción de diferencias individuales en torno a un modelo femenino. Aun después de sufrir el proceso de socialización o construcción social del género, los varones y las mujeres manifiestan notables diferencias con respecto a personas de su mismo sexo y coincidencias respecto a las del otro sexo. Esa diferenciación estricta que hace la sociedad tratando a todo un colectivo humano como si fuesen seres idénticos, no hace sino dificultar la comprensión de los procesos personales y las relaciones entre hombres y mujeres.
    El hombre aprende desde muy pequeño que pertenecer al sexo masculino es "lo máximo" a través de señales como la valoración de su padre en la familia, el orgullo de su madre por el hijo varón, el trato preferente sobre sus hermanas, el refuerzo constante de las acciones positivas que realiza. Percibe también que puede equivocarse y ser disculpado, mientras no se salga del modelo. A esto se agrega que capta la importancia de las ocupaciones que realizan los varones y percibe en los medios de comunicación que los protagonistas son en su mayoría hombres. Como si esto fuera poco, ¡incluso Dios es masculino!
    Socializado para "ser el rey", el hombre se mueve entre sentirse a gusto con el hecho de pertenecer a un colectivo destacado y la angustia de no estar a la altura de las exigencias. El efecto que esto tiene en algunos hombres es de mayor seguridad puesto que están convencidos de su valor y no necesitan disputar los espacios con las mujeres, a quienes consideran obviamente en un nivel inferior. Otros, en cambio, se sienten desafiados por una exigencia que les queda grande y suelen percibir como una amenaza la incorporación de mujeres en espacios que antes les estaban reservados. Este tipo de hombres necesita comprobar su superioridad con cada mujer.
 


Sabía que...
cuidar amorosamente a los hijos es profundamente masculino, del mismo modo que pensar es altamente femenino.
Los costos de ser hombre
En términos generales, ser hombre tiene más ventajas que perjuicios en la sociedad; sin embargo, los costos son bastante altos, por ejemplo:
  • La obligación de ser fuerte y tener poder sobre alguien o algo para ser reconocido.
  • La necesidad de demostrar constantemente su virilidad, a través de pruebas o de la divulgación de sus logros.
  • La restricción de las expresiones de debilidad. No se acepta con facilidad que un varón sea pasivo, se le exige tomar la iniciativa y ser el que propone y lleva adelante las acciones en todos los terrenos.
  • La censura a mostrar una emocionalidad demasiado a flor de piel. Muchas veces la pena o la impotencia son traducidas en agresividad para poder expresarse.
  • La obligación de mostrarse autosuficiente, y ocultar sus necesidades afectivas, a pesar de que la mayoría de los hombres es en realidad dependiente afectivamente.
  • El miedo permanente a no cumplir con los estándares exigidos que lleva a algunos a ser agresivos en exceso, ya sea contra las mujeres o con otros hombres y a detestar a los homosexuales para sentirse seguros de no serlo ellos mismos.
  • La pérdida de algunas fuentes vitales de placer como es la relación afectiva con los hijos y la vida doméstica.
  • La exposición a la violencia. Desde las peleas callejeras hasta la formación militar y la guerra, pasando por algunos deportes, los hombres sufren distintas formas de agresión.

Del resumen de los elementos señalados podemos concluir que la masculinidad, entendida tradicionalmente, obliga a los hombres a ejercer violencia contra sí mismos, porque deben limar todas aquellas características individuales que no entren en el esquema aceptado socialmente. Nunca pueden relajarse y ser simplemente personas con sus debilidades y cualidades. Podríamos decir que tanto a los hombres como a las mujeres no les está permitido preguntarse seriamente ¿cómo soy yo? más allá de cómo espera la sociedad que sea. Formular esta simple pregunta implica ya una transgresión.
 

Los deseos de cambio
Los cambios experimentados en la situación de las mujeres en la sociedad y la reflexión sobre su condición han provocado en muchos hombres temor y perplejidad. Algunos se han puesto a la defensiva, mientras que otros han tomado la iniciativa de cuestionar también sus roles tradicionales y expresar sus deseos de entender la masculinidad de una forma nueva.
    Algunos de estos deseos son:
  • Entender la fuerza y energía como flexibilidad y fortaleza.
  • Que esa energía permita a los hombres ser autónomos y no por eso agresivos. Que la masculinidad signifique responsabilidad en las relaciones personales. Algunos hombres chilenos ya han declarado expresamente: "no quiero ser un padre ausente".
     


Sabía que...
la violencia contra los demás hombres; contra sí mismo y contra la mujer son claves en la formación de un hombre tradicional.
Algunas propuestas posibles
En este proceso son necesarios cambios socioeconómicos, políticos y culturales en los cuales la educación y los medios de comunicación tienen un gran papel que jugar, rompiendo los modelos estereotipados de ser hombre y ser mujer y ofreciendo otras posibilidades de identificación. Es posible que por ese camino podamos encontrarnos de manera más igualitaria y menos violenta:
  • Políticas públicas y empresariales que permitan que hombres y mujeres compartan la responsabilidad del cuidado de sus hijos. Hasta ahora, los padres que toman estas tareas no son bien vistos en las empresas.
  • Coeducación de niños y niñas sobre la base de la igualdad de derechos y oportunidades y respeto a la diversidad.
  • Aprendizaje de la negociación en las relaciones de pareja. Si los hombres y mujeres se expresan en forma más auténtica y menos estereotipada, será más necesaria la negociación de los deseos y necesidades de cada uno para lograr relaciones armónicas e igualitarias.
     


Quino

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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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Esta publicación es parcialmente financiada por el Fondo para la Sociedad Civil constituido con aportes del gobierno de Suecia, administrado por el SERNAM. Sin embargo, las expresiones y contenidos vertidos no representan, necesariamente, la opinión institucional del SERNAM.