34
julio
2000

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Las mujeres: una fuerza de cambio

Desde hace pocos años nos parece natural que en distintas manifestaciones culturales y en los debates públicos se valoren los aportes de las mujeres y se consideren las desigualdades de que son objeto como una traba para el desarrollo y modernización de la sociedad. Ya es habitual ver a mujeres desempeñando distintos oficios y presentes en la cultura, los negocios, las comunicaciones o como responsables de decisiones ministeriales o regionales de alto nivel. En las declaraciones de autoridades de gobierno existe también un mayor acuerdo en que las desigualdades de género deben ser objeto de políticas.
    Todo esto sucede cuando iniciamos un nuevo siglo que podría traer consigo más amplios y profundos cambios en la sociedad y en las relaciones entre los géneros. Alguien podría creer que esta mayor sensibilidad frente a los derechos de las mujeres es producto espóntaneo de los procesos de modernización llevados a cabo en Chile en las últimas décadas; que su mayor presencia pública, la mención a los derechos de las mujeres, la mayor sensibilidad cultural a sus demandas son signos de superación de la discriminación hacia ellas.
    Sin embargo, la historia es diferente; los avances en la situación actual no hubiesen existido sin la intervención activa de las propias mujeres, desde el movimiento sufragista de comienzos de siglo hasta las actuales propuestas, pasando por el movimiento feminista de los setenta y ochenta que puso verdaderamente en el tapete la discriminación contra la mujer, develando sus profundas raíces en la organización social y en la cultura. Asimismo, los logros obtenidos hubiesen sido efímeros sin la presencia constante de las mujeres luchando por consolidarlos y hacerlos permanentes. Y es que los planteamientos feministas generan grandes resistencias por su enorme potencial de cambio, en la medida en que exigen una redistribución del poder y de las oportunidades no sólo entre hombres y mujeres, sino al interior de todas las relaciones humanas.
    Argumentos analiza el potencial transformador de los planteamientos feministas que enriquecen los debates públicos y presionan hacia el cambio de la cultura en un sentido más democrático, justo y libertario. Se pregunta por los desafíos y aportes del movimiento de mujeres y de otras organizaciones sociales y culturales en el presente.
 
 


Sabía que...
el Indice de Desarrollo Humano ubica a Chile en el lugar 38 en el mundo mientras que en el Indice que incorpora la igualdad de la mujer está en el puesto 54 (entre 102 países).
Hagamos un poco de historia
En la primera mitad del siglo XX, las sufragistas chilenas consiguieron después de largos años de organización y movilización que sus derechos políticos fuesen reconocidos así como también acceder a los distintos niveles de la educación. Superar su ausencia en los espacios públicos, considerados sólo como masculinos hasta entonces, era el sentido del movimiento.
    En los años setenta, en un clima de grandes cambios y de apertura cultural mundial, y de represión interna en el país, el movimiento feminista emerge y hace una importante crítica social y cultural a la forma en que las relaciones humanas y las sociedades se organizan. El feminismo de esa década no sólo lucha, como en el pasado, por estar presentes en los espacios donde se excluye a las mujeres, sino también por eliminar imágenes preconcebidas sobre lo que hombres y mujeres pueden y deben hacer en razón de su sexo. Lucha por eliminar todas las formas de discriminación en las leyes, procedimientos y normas; por cambiar las relaciones de poder en todos los espacios sociales, privados y públicos. Trata también de enriquecer el mundo interno de las personas y estimular el despliegue de todas las potencialidades humanas.
    Una red de relaciones cercanas, cotidianas y afectivas unió a mujeres de distinta procedencia, populares, campesinas, profesionales, amas de casa, políticas. Estas redes, nacionales e internacionales, permitieron dejar de pensar la situación de las mujeres como un destino ineludible que se debía aceptar y, en cambio, entender esta situación como expresión de una injusticia social que era posible eliminar.
    En las postrimerías de la dictadura y gracias al regreso de la democracia, los planteamientos feministas se difunden a otros espacios sociales, públicos e institucionales, al mismo tiempo que los avances cristalizados en las conferencias internacionales constituyen un importante estímulo para ampliar y legitimar las propuestas feministas en la sociedad y en las instituciones.
 


Sabía que...
según el Informe de Desarrollo Humano Chile 2000, la mitad de las personas que encuestaron estima que puede hacer mucho para cambiar la marcha del país.
Desde las mujeres hacia toda la sociedad
Los cambios estimulados por las mujeres han sido y son favorables al conjunto de la sociedad. El feminismo oxigenó las ideas y cuestionó creencias y relaciones opresivas. Ha hecho visible que no existe sólo una manera de concebir las relaciones humanas y la realidad social y que se puede ser mujer u hombre de formas distintas al modelo tradicional. Mostró que el poder se ejerce no sólo desde las instituciones del Estado sino tambien en las relaciones cotidianas, en los grandes y pequeños espacios sociales. Hizo visible el lazo de continuidad que une el autoritarismo y la violencia doméstica con el autoritarismo y la violencia social. El movimiento feminista definió los problemas más urgentes que enfrentaban las mujeres y logró algunos éxitos importantes. Por ejemplo, en menos de 20 años, la violencia doméstica dejó de ser “una costumbre cultural” para convertirse en un delito.
    En el presente las mujeres ocupamos posiciones muy diversas y desde allí seguimos estimulando cambios. En la universidad impulsamos programas de estudios de género; en forma aislada u organizadas presentamos propuestas alternativas en los medios de comunicación; algunas desempeñan cargos públicos importantes o avanzan en el campo de la ciencia mientras que otras tienen éxito en el área de la economía.
    El posicionamiento en distintos espacios es muy útil porque asegura que estos se enriquezcan con nuevos planteamientos y puntos de vista. Sin embargo, esta diversidad de posiciones tiene también sus riesgos. Puede conducir a una fragmentación que debilite el sentimiento de pertenencia al colectivo mayor de mujeres construido en la década pasada, que permite reconocerse como parte de una misma experiencia social diferente a la masculina. Se corre el riesgo de que la voz de las mujeres pierda potencia en cada espacio por separado y que tengan menos fuerza para contrarrestar las presiones que intentan subordinar sus intereses y puntos de vista. Disminuye, asimismo, la posibilidad de representar y movilizar los intereses y nuevas demandas de las mujeres situadas en diversos espacios sociales. El movimiento feminista enfrenta entonces el desafío de encontrar nuevas formas de articulación entre las variadas posiciones que ocupan las mujeres y al mismo tiempo participar en los nuevos espacios desde una perspectiva distinta e innovadora.
    El movimiento de mujeres contribuye a la generación de espacios de discusión pública autónomos del Estado, facilita el reconocimiento de las distintas concepciones y puntos de vista que coexisten en la sociedad y contribuye al ejercicio del derecho a expresarse. Por ello mismo debilita la censura implícita que se impone, por consideraciones de equilibrio político, al tratamiento de problemas de gran significación para la vida de las personas y trascendencia social: el sentido de los cambios en la vida privada y familiar, la expresión de la sexualidad de los jóvenes, los derechos sexuales y reproductivos.
    El feminismo no solo propicia la tolerancia a las expresiones de la diversidad, sino que también aboga por asegurar la igualdad de derechos. No se trata de reconocer que existen distintos tipos de familia, y personas de condición social, racial y sexual diferentes, sino de otorgarles iguales derechos sociales, políticos, económicos y culturales.
    No queremos minimizar la responsabilidad que le cabe al Estado para asegurar la igualdad de oportunidades y el ejercicio de los derechos, pero esto no basta. Una sociedad fuerte y respetuosa de las diferencias está atenta y sensible a la emergencia de nuevos problemas, nutre el ejercicio de la ciudadanía, estimula el control ciudadano, promueve la participación en la construcción de las políticas públicas y de las normas sociales que regulan la relación entre las personas.
    En breve, los avances del movimiento feminista y de mujeres, y sus aportes en la construcción de una sociedad justa, democrática y libertaria han contribuido y deben seguir contribuyendo a:
  • Reconocer la pluralidad de actores sociales y politicos y asegurar el protagonismo de las mujeres.
  • Estimular el surgimiento de espacios de debate público sobre distintos temas sin imponer censuras a priori.
  • Avanzar desde la tolerancia a la diversidad hacia el reconocimiento de la igualdad de derechos.
  • Ser sensible a los nuevos problemas que surgen en una sociedad en cambio.
  • Estimular el ejercicio de la ciudadanía propiciando el control ciudadano y la participación en la elaboración, implementación y evaluación de políticas.
  • Demandar canales estables y transparentes de participación en la institucionalidad pública.
     


Sabía que...
en Chile existen 4.530 organizaciones de mujeres.
 
 
 

En el nuevo milenio, ejerce control ciudadano

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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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Esta publicación cuenta con el apoyo financiero del Instituto de la Mujer de España.