40
enero
2001

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Las mujeres que guardan la memoria

La memoria es fundamental para la comprensión que las personas y las sociedades tienen de sí mismas y del sentido de sus actos. La memoria, así como la capacidad de prever las consecuencias que las acciones tendrán en el futuro, permiten trascender el presente y entender los motivos y orientaciones que mueven a los individuos y grupos sociales.
    En estos últimos meses hemos sido testigos del difícil y duro proceso que significa hacer memoria e intentar esclarecer las violaciones a los derechos humanos. Para una amplia mayoría de la sociedad este es un trance doloroso, pero hay mujeres que con su compromiso con la búsqueda de sus seres queridos, se han convertido en símbolo de la defensa de los valores democráticos. En los primeros tiempos, cuando sus familiares estaban presos, perseguidos o sufrían torturas, ellas se atrevieron a buscarlos, a enfrentar a las autoridades de la época, a demandar respuestas. De la experiencia individual y privada pasaron a la acción colectiva y pública. En su peregrinar de tantos años fueron ocupando un espacio que estaba negado a toda la ciudadanía. Estas mujeres fueron ciudadanas conscientes de sus derechos cuando Chile ya empezaba a olvidar cómo era vivir en democracia.
    
Argumentos para el cambio rinde homenaje a estas mujeres que aún permanecen mostrándole al país y al mundo su dignidad, su voluntad de encontrar la verdad que les permita cerrar sus heridas y, de esta manera, las de toda una sociedad que necesita mirar el pasado y sacar de él las lecciones para construir un futuro sobre bases sólidas. Chile se enfrenta al desafío de lograr una convivencia democrática donde se acepte la pluralidad y en la cual el principal y más amplio consenso sea que nada justifica la eliminación del adversario a través de la violencia. Ellas están contribuyendo a humanizar la transición: le han puesto rostro, nombre e historia a las atrocidades cometidas y de esa manera han conmovido incluso a personas que apoyaron el régimen militar, que nunca se habían permitido creer la verdad que ellas denunciaban, porque era demasiado aberrante. El reconocimiento de los hechos por parte de las instituciones armadas las coloca una vez más en el centro de un proceso que el país necesita: usar la memoria para reconstruir un pasado para que no se repita jamás.
 
 


Sabía que...
nueve mujeres desaparecidas estaban embarazadas y no sabemos dónde están sus hijos.
Desde la experiencia individual a la política
La violación de los derechos humanos y la dictadura son expresión de una concepción y lucha política destinada a aniquilar al adversario, algo que atenta contra los fundamentos éticos de la sociedad.
    Para millares de mujeres la tortura, la muerte o la desaparición de sus familiares irrumpió en su cotidianeidad como una experiencia individual que hizo tambalear los cimientos de su proyecto vital, la confianza básica frente a lo humano y destruyó sus sueños futuros. El miedo, el asombro, el sin sentido se instaló en sus vidas. Muchas mujeres no pudieron hacer pública la detención de sus familiares o fueron también detenidas, no pudieron interpretar junto a otras personas el significado de los hechos por el temor a las consecuencias sobre el resto de sus familiares. Se vieron obligadas a guardarse su dolor.
    Sin embargo, un importante número de ellas transitó de la vivencia individual a la experiencia colectiva, y en ese proceso pudieron apoyarse y fortalecerse mutuamente, y tratar de entender la realidad en que les tocaba vivir. Al hacerlo, mantuvieron presente en la memoria del país la existencia de la violación de los derechos humanos y resistieron a las numerosas presiones que se erguían contra el recuerdo y reflexión sobre los hechos de parte de la sociedad.
    En algunos momentos de su travesía estuvieron poco acompañadas, sea por la contundencia de la represión que dejaba escasos resquicios para el desarrollo de un discurso público en defensa de los derechos humanos, sea porque la sociedad, bajo el efecto del trauma y el dolor, no se atrevía aún a enfrentarse a su pasado, hacer memoria, vivir el duelo.
    Una conjunción de hechos, entre los cuales el más relevante fue la detención del dictador en Londres, cambió sensiblemente el escenario en el cual se desen-volvía la transición hasta ese momento. El Gobierno aseguró en los foros internacionales que en Chile es posible hacer justicia y los tribunales acogieron la petición de investigar numerosas denuncias de violaciones a los derechos humanos. El país no había olvidado, sólo esperaba el momento oportuno y hubo un espacio mayor a la esperanza. La presencia permanente de las mujeres familiares de los desaparecidos fue una vez más el punto de referencia obligado para todos los argumentos. Ellas crecieron, profundizaron su discurso, fueron más allá de sus historias personales y le mostraron al país que los desaparecidos son de todos y cada uno de nosotros; han contribuido a que la sociedad comprenda, un poco más, que cada paso que demos para conocer las circunstancias en que murieron será un paso hacia una convivencia pacífica entre los chilenos.
 


Sabía que...
cuando alguien confiesa su crimen alivia su conciencia.
La defensa del Estado de Derecho
La memoria es un campo de disputa donde se confrontan distintas interpretaciones y versiones en torno alreconocimiento de la violación a los derechos humanos, ya que todos los grupos de la sociedad, aunque de distintas maneras, han sido afectados por los hechos. Estas versiones expresadas y difundidas en distintos espacios ayudaría a que las personas se reconozcan mutuamente como miembros de una sociedad que ha sufrido un profundo trauma y se comprometan con el proceso de búsqueda de la verdad y de la justicia.
    La reflexión sobre el pasado dota de nuevos sentidos a la lucha política, como un espacio donde hay adversarios y no enemigos, donde nada ni nadie puede justificar la tortura y el crimen como formas de solución de los conflictos.
    En este sentido ayuda a valorar la democracia y la existencia de un Estado de Derecho, que vela por la ciudadanía y la protege contra el autoritarismo e impide el dominio absoluto de los agentes del Estado sobre la vida de las personas. La independencia del Poder Judicial frente a presiones de distinta naturaleza es un ejemplo del Estado de Derecho. Se han necesitado muchos años, muchas denuncias y un cambio sustantivo en el contexto político nacional e internacional, para que los tribunales chilenos volvieran a asumir su papel como corresponde. A esto han contribuido también las mujeres familiares de detenidos desaparecidos.
    En el proceso de esclarecimiento de la violación de los Derechos Humanos hemos dado un importante paso. Hasta hace dos años muchos sectores e instituciones negaban que hubiera habido tales acciones y parecía casi imposible presentar una querella contra Pinochet. Hoy hay presentadas más de doscientas; el propio ejército reconoce la existencia de los crímenes y personas ajenas a la experiencia directa de la tortura, desaparición y muerte, comentan muy afectadas estos hechos en el metro, en restaurantes y en las calles de distintos lugares del país. El velo que tapaba el pasado ha empezado a descorrerse. A partir de ahora es preciso ampliar cada vez más la información: nuevas personas, grupos y sectores deben colaborar para completarla y así, entre todos, construir un futuro más sano y honesto para las próximas generaciones. Las mujeres familiares de los desaparecidos y desaparecidas (no olvidemos que también había mujeres) han puesto alta la vara; hagamos el esfuerzo por estar a su altura.
 


Sabía que...
el duelo es necesario para superar el dolor de la pérdida.
¿Qué hacer?
La sociedad entera tiene la responsabilidad de contribuir a establecer una memoria colectiva que asegure que lo ocurrido no se repita:
  • Cada persona que tenga información tiene el deber moral de entregarla.
  • En los colegios debe hablarse de estos hechos y permitir que las nuevas generaciones reflexionen sobre ellos.
  • Los lugares de tortura deben permanecer como testimonio del horror.
  • En el hogar y en los colegios debemos enseñar formas no violentas de resolución de conflictos.
  • La televisión debe abrir espacio a programas de debate de ideas; es preciso ejercitar el diálogo.
     

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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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Esta publicación cuenta con el apoyo financiero del Instituto de la Mujer de España.