44
junio
2001

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El aporte de las mujeres en los tiempos de crisis 

Hace ya algún tiempo distintos medios de comunicación difunden los resultados de encuestas que evidencian la presencia de difusos sentimientos de depresión, de malestar y desconfianza. En una reciente encuesta de la Fundación Futuro, el 86,3 % de las personas encuestadas reconoce la existencia de un clima de pesimismo. En lugar de tratar de comprender las razones de esta situación, la mayoría intenta encontrar responsables, lo que a la larga sólo profundiza los sentimientos de desconfianza e impotencia.
    El pesimismo vuelca a las personas hacia sí mismas, las encierra en sus rutinas inmediatas y les impide dirigir su mirada a los otros y hacia el futuro. En estos estados diminuye la disposición a compartir, a integrar nuevos proyectos colectivos, a incursionar en nuevas formas de vida, a tomar riesgos. Por ello, este tema ha llegado a ser una preocupación pública y objeto de acción del gobierno y de distintos líderes de opinión.
    Existen motivos para el malestar e insatisfacción. Por un lado, la crisis económica y el aumento del desempleo, y por otro, las profundas transformaciones que experimenta la sociedad generan inseguridad y desconcierto.
    Sin embargo, queremos destacar también el papel de los mensajes de los medios de comunicación en la interpretación que las personas hacen de sus problemas y de la sociedad. Por razones de cálculo político o, a veces, por una mirada estrecha, ellos hacen visibles sólo algunos aspectos de la realidad y desconocen las iniciativas para contrarrestar la crisis y recuperar la confianza entre las personas.
    Argumentos para el cambio quiere contribuir al esfuerzo por entender y superar los sentimientos negativos que nos embargan. Quiere además visibilizar los efectos de la crisis en las mujeres y su importante contribución a la solución de los problemas sociales.


Sabía que...
el 19,5% de los hogares salieron de la pobreza gracias al aporte monetario de las cónyuges, según mediciones de 1996.
Los cambios acelerados generan inseguridad
Las expectativas por mejorar y cambiar el país aumentaron con el triunfo del •No• contra la dictadura y la elección de los gobiernos de la Concertación. Un prolongado período de crecimiento económico generó ilusiones sobre la posibilidad de un progreso continuo y un gran optimismo, a veces cercano a la soberbia, hizo olvidar el carácter cíclico de este tipo de economía. Los estímulos para consumir llevaron a las personas a endeudarse por sobre sus posibilidades y en el momento de la crisis, al disminuir su capacidad adquisitiva o perder el empleo, se encontraron en situaciones verdaderamente difíciles. La restricción del consumo •el que ha llegado a ser una fuente de valoración y satisfacción personal• afecta la autoestima y las relaciones con los más cercanos. El desempleo se acompaña de sentimientos de desvalorización, de impotencia y de irritación que muchas veces van más allá de la falta de recursos para satisfacer las necesidades más urgentes.
    Las empresas, para aumentar su competitividad en una economía que se globaliza, transforman las relaciones y modalidades de trabajo. Con crisis o sin crisis, el trabajo está cada vez más desprotegido. Pero es en los períodos malos cuando se hace más evidente que cualquier empleo está en peligro, ya que al perder uno es difícil encontrar el siguiente. Los trabajadores, independientemente de su dedicación y esfuerzo, son despedidos cuando las políticas de las empresas lo requieren para reducir costos, fusionarse con otras empresas y/o cambiar las formas de producir.
    La organización actual del trabajo produce la siguiente paradoja: largas jornadas laborales para los que conservan su empleo, sin tiempo para vivir, y un número creciente de desocupados sin medios para subsistir.
    La inestabilidad en el mercado laboral, sin regulaciones apropiadas, da lugar a una restricción brusca del consumo, lo que se vuelve en contra de las mismas empresas. Para los empresarios (y para el país), la etapa de crecimiento fácil se acaba. Para avanzar se necesita asumir riesgos, invertir en tecnología y no conformarse con ganancias obtenidas solo por la vía de disminuir, •a la mala•, los costos del trabajo. Asimismo, si las empresas quieren elevar la productividad y estimular la capacidad creativa en los trabajadores deberán asegurar condiciones adecuadas de trabajo. 
    Durante estos años, se han producido también cambios culturales y en los estilos de vida. Las conductas del pasado no se adecuan a los nuevos problemas y desafíos en las relaciones con la pareja, los hijos, los amigos; muchas veces no se sabe qué hacer ni cuál es la respuesta o la actitud adecuada. Las mujeres que desean llevar adelante sus propios proyectos están obligadas a conflictivas negociaciones; los padres se ven confrontados con los hijos que buscan vivir una sexualidad segura y placentera. En general, todos debemos aprender a convivir con formas de vida y sistemas de valores distintos a los tradicionales.
    En este contexto de desconcierto y pesimismo operan los medios de comunicación. La mayoría de ellos en manos de la oposición política parecen interesados en profundizar el clima de desconfianza frente al gobierno y no prestan atención a los diferentes efectos de la crisis en los distintos grupos y los esfuerzos que se realizan por contrarrestarla.
 


Sabía que...
el desempleo de las mujeres es mayor que el de los hombres: 8,6% para los hombres y 10,0% para las mujeres.
El trabajo oculto de las mujeres
Las crisis exigen de las mujeres una mayor dedicación a la solución de los problemas familiares y comunales. Deben asumir los problemas emocionales de sus familiares desempleados, hacer trámites diversos en instituciones y servicios, y desplazarse permanentemente para buscar mejores precios de la comida y el vestuario. Cuando el Estado deja de responsabilizarse por algunas funciones en la salud o la educación, son las mujeres quienes se hacen cargo. Ellas, por ejemplo, continúan el tratamiento de los parientes enfermos en sus casas. La falta de un sistema de cuidado infantil apropiado, más difícil de implementar ante la necesidad de hacer ahorros en el presupuesto público, o la disminución de personal de salas cuna y jardines infantiles, intensifica su jornada de trabajo. La atención deficiente de algunos nuevos problemas, como el aumento del embarazo adolescente, la drogadicción o el sida entre los jóvenes, las enfrenta a situaciones nuevas para las cuales no están preparadas ni cuentan con el apoyo adecuado de programas especializados. Estas nuevas tareas se agregan a las otras que ya realizan como si ellas tuviesen un tiempo disponible elástico. Es comprensible entonces, que sufran muchas veces estrés y depresión y, en estos casos, una vez más son otras mujeres las que les apoyan, porque los servicios públicos dan poca importancia a los programas de salud mental.
    Sin embargo, las mujeres mantienen un espíritu constructivo y son las primeras en responder a distintas iniciativas para mejorar los servicios, la seguridad de sus barrios y los nuevos problemas que enfrenta la sociedad. Participan en las juntas de vecinos, en las reuniones de colegio y en distintas organizaciones para mejorar la calidad de vida. Tienen enormes recursos como lo demostraron en los duros años de la represión y de crisis en los 80, en los que se organizaron para defender los derechos humanos, levantar ollas comunes y sostener el grupo familiar.
    A pesar de ello, el aporte de las mujeres no es reconocido ni valorado. Son escasamente retribuidas, no se las consulta, sus puntos de vista y experiencias no son considerados en la toma de decisiones públicas.
 


Sabía que...
las mujeres son mayoría en las asociaciones de padres, juntas de vecinos y organizaciones comunales.

El futuro del país: un asunto de mujeres y hombres
Atravesamos por un período de grandes cambios cuyas características y consecuencias no alcanzamos a comprender totalmente. Las transformaciones en curso encierran distintas posibilidades de acuerdo a la comprensión que se tenga de ellas y las decisiones que los distintos grupos vayan tomando. La crisis económica puede, por ejemplo, constituir un aliciente para dar un salto en la capacidad productiva del país si somos capaces de asumir los riesgos que significa pasar a otra fase de crecimiento más compleja tecnológicamente.
    Resulta urgente abrir espacios para debatir los nuevos y complejos problemas derivados de la crisis y los cambios culturales en curso, y asegurar que todos los sujetos implicados sean convocados en el momento de discutir y tomar decisiones en distintos campos.
    Las nuevas experiencias, sentimientos, puntos de vistas y opiniones de las mujeres deben ser escuchados y ellas deben tener las mismas oportunidades de conocer los puntos de vista y expectativas de otros grupos y de las decisiones que se toman.

  • Las mujeres deben formar parte de los distintos espacios de diálogo social.
  • Todos los conocimientos, puntos de vista y opiniones sobre el período actual deberían ser puestos en circulación, contrastados y difundidos en los medios de comunicación.
  • La mayor intensidad de trabajo de las mujeres en períodos de crisis debe ser reconocida en la perspectiva de una distribución más justa del trabajo.
     

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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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Esta publicación cuenta con el apoyo financiero del Instituto de la Mujer de España.