48
enero
2002

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Mujeres públicas... con autoridad 

El nombramiento de Michelle Bachelet como ministra de Defensa representa un hito en la historia reciente de Chile. Es la primera mujer designada para un cargo tan alto en un lugar cerrado a ellas hasta hace muy poco tiempo. Ser, además, militante del partido socialista e hija de un militar torturado, son hechos que la transforman en una figura emblemática de los procesos que vienen desarrollándose desde hace años en el país: los esfuerzos por iniciar una nueva etapa en las relaciones cívico-militares, por generar un clima de mayor pluralismo y por lograr un mayor reconocimiento a las capacidades y al ejercicio del poder por las mujeres.
    Sin embargo, estas tendencias de cambio enfrentan grandes resistencias por parte de fuerzas conservadoras que luchan por mantener el estado de cosas del pasado. Un ejemplo claro de ello es la intervención del Cardenal Errázuriz y de algunos políticos de derecha en contra de la ratificación de normativas internacionales para eliminar la discriminación; este es el caso, en la actualidad, de la discusión sobre la ratificación del protocolo de la Convención para la eliminación de la discriminación contra las mujeres (CEDAW), el que representa un complemento operativo para facilitar su aplicación.
    El mayor acceso de las mujeres a cargos de poder público no está exento de costos para quienes acceden a ellos, en la medida en que el resto de la sociedad no se transforma a la misma velocidad ni en el mismo sentido. El ejercicio en altas posiciones exige a las mujeres, para ser reconocidas, mucho más esfuerzos que a los hombres en las mismas posiciones. Y en ausencia de una nueva distribución del trabajo entre hombres y mujeres y de nuevas normas que compatibilicen vida personal y familiar con el trabajo, deben hacer malabares para mantener un equilibrio personal y familiar.
    
Argumentos para el cambio invita a reflexionar sobre la importancia del acceso de las mujeres a posiciones de poder en las instituciones del Estado y en los partidos políticos, en la medida en que el ejercicio de su poder se inscriba en un proyecto más amplio de democratización de las instituciones y de superación de los sistemas de desigualdad social.


Sabía que...
en junio de 2000 había ministras de Defensa en Honduras, Nicaragua, Noruega y Sri Lanka.

Las mujeres y el poder
El movimiento de mujeres ha contribuido a cambiar el significado de lo que se entiende por poder y ha instalado nuevos estilos. La idea del poder como servicio, "el poder para" construir frente al poder que reprime y oprime, alimentó los debates del movimiento feminista y permitió mirar el poder desde nuevas perspectivas.
    
El movimiento ha hecho visible cómo el poder está en todas partes, desde los espacios personales y subjetivos hasta los institucionales más formales. Ha mostrado cómo el ejercicio del poder autoritario impide que las personas desarrollen sus capacidades para decidir sobre sus vidas; se expresa en los métodos que se usan para influir en los comportamientos de los demás- convencer, persuadir, argumentar o ejercer la fuerza y la imposición; está presente en las dinámicas de distribución de beneficios y responsabilidades dentro de las familias, los colectivos y las asociaciones; y permea las normas y reglamentos institucionales que definen el comportamiento de los ciudadanos/as. La exclusión de las mujeres del derecho al voto fue por ejemplo, una manifestación de poder sobre ellas que trababa el desarrollo de sus capacidades ciudadanas. El poder también está presente en las normas formales e informales que impiden el acceso de las mujeres a distintos recursos y círculos más altos de decisión.
    
Si Chile no cumple con los compromisos internacionales asumidos al ratificar distintas Convenciones retrocede en su compromiso con el respeto de los Derechos Humanos y, en el caso particular del protocolo facultativo de la Convención mencionada priva a las mujeres de una instancia internacional a la cual recurrir una vez que se han agotado todos los procedimientos de denuncia en el país.
Los numerosos talleres de mujeres realizados en las décadas pasadas revelaron los variados y sutiles procesos mediante los cuales se les da poder a los hombres y se les quita a las mujeres. También señalaron la importancia que tiene la autoestima y el conocerse a sí misma para desarrollar una conciencia de derecho, sostener sus puntos de vista y ser reconocida como igual por los demás.
    
En breve, la mayor autonomía de las mujeres, la presencia de sus organizaciones y el desarrollo de un discurso propio, las diferenció como fuerza social y les dio mayor poder en el espacio político. El acceso a la educación, a la salud y al mercado de trabajo les dio más recursos para afirmar su independencia y ser reconocidas como un actor social con concepciones, propuestas y demandas propias.
    
Como producto de los cambios señalados las mujeres han accedido paulatinamente a posiciones intermedias de poder y han generado numerosos liderazgos sociales y culturales, además de algunos políticos, de mucha relevancia. Estos liderazgos han puesto nuevos temas de debate y cuestionado las normas institucionales que generan discriminaciones. Por esta razón podemos decir que la entrada actual de las mujeres a altas posiciones de poder es parte de procesos gestados en décadas anteriores.
    
En este sentido, las transformaciones en las normativas y legislación internacional no sólo son producto de la acción de la política exterior de los Estados sino también de los movimientos y organizaciones sociales de carácter nacional e internacional, que han contribuido a establecer normativas internacionales que defienden los derechos humanos, la protección del ambiente y formas de desarrollo más justas.
 


Sabía que...
en el parlamento chileno recién electo hay 17 mujeres: 15 diputadas y 2 senadoras.

Liderazgo político y democracia
Los aportes del liderazgo político y la autoridad pública de las mujeres no se sustentan sólo en el hecho de ser mujer, aunque sus experiencias de vida las hagan generalmente más sensibles a las discriminaciones, más abiertas a las opiniones de los otros y más dispuestas a persuadir en lugar de imponer. Ellas deberían orientarse a generar nuevas instituciones más acordes a la realidad actual y a trabajar desde sus posiciones no sólo a favor de una redistribución de los recursos y oportunidades, sino también para perfeccionar y profundizar la democracia y sus instituciones, para atajar los abusos de poder y avanzar en los ideales de igualdad, justicia y libertad. Esta contribución es especialmente importante en momentos de grandes transformaciones en las sociedades -en las vidas personales, en las familias, en la economía, en la cultura, en las instituciones, en las relaciones internacionales- que cuestionan normas y convenciones básicas.
    Desde esta perspectiva, los liderazgos sociales y culturales, si bien son muy importantes no bastan para cambiar la marcha de las instituciones; es necesario contar con líderes políticas y autoridades públicas que intervengan activamente en los procesos de toma de decisiones sobre las normas, instituciones y políticas generales.
    Mujeres en cargos como el Ministerio de Defensa podrían contribuir a reencausar los recursos hacia el desarrollo del país y a eliminar los comportamientos violentos dentro de las Fuerzas Armadas, como es el caso de los abusos, tantas veces denunciados, en el servicio militar. Mujeres en los ministerios políticos podrían incluir dentro del proceso de democratización y modernización del Estado, el reconocimiento y la participación de las mujeres como interlocutoras en las instancias de intermediación entre la sociedad y el Estado. En estos lugares podrían contribuir a eliminar la discriminación de género y otras discriminaciones en los lineamientos y en la ejecución de políticas.
 


Sabía que...
el Protocolo Facultativo de la CEDAW permitiría a las mujeres denunciar ante un tribunal internacional la violación de sus derechos.

El liderazgo político y la autoridad publica en el momento actual
Se requiere, entonces, que las líderes políticas y las mujeres que son autoridades públicas comprometan su acción con la defensa de los derechos de las mujeres y la lucha contra las distintas formas de discriminación. Para ello es conveniente que:

  • Participen activamente en dotar de transparencia al quehacer del gobierno y del Estado.
  • Exijan la rendición de cuentas de los poderes estatales a la ciudadanía.
  • Presionen por la creación de organismos como la defensoría de los ciudadanos, en el que se contemple una oficina específica para abordar asuntos de género.
  • Contribuyan a la generación de espacios de interlocución entre el Estado y la ciudadanía, en los cuales participen las mujeres como actoras sociales reconocidas.
  • Luchen a favor de la ratificación de convenios internacionales que aseguren el respeto a los derechos humanos, los derechos de las mujeres y de grupos minoritarios, la protección del medio ambiente y un desarrollo más justo...
     


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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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Esta publicación cuenta con el apoyo financiero del Instituto de la Mujer de España y de la Fundación Ford.