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octubre
2004

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Y SI ME ENFERMO ¿QUIEN ME CUIDARÁ?

      Una mujer joven pone un paño húmedo amorosamente sobre la frente de un hombre que delira ¿Les dice algo esta imagen? Es una escena de la película "El Paciente Inglés", pero es también la situación que viven muchas veces las mujeres a lo largo de su vida. Los personajes pueden cambiar, ella puede ser vieja y el enfermo un niño, un joven o una mujer mayor, en fin, se trata de una realidad: la salud a domicilio está a cargo de las mujeres y pocas veces nos damos cuenta de la importancia que esto tiene para el funcionamiento de los servicios de salud y de su valor económico. Menos aún somos conscientes de la profunda inequidad de género que esconde.
      La calidad de vida de las personas considera el estado emocional, la satisfacción profesional, el desarrollo personal, las relaciones familiares, la situación de empleo, nivel de ingresos, acceso a servicios de sanidad ambiental, bienestar material, calidad de la vivienda, entre otros elementos. En este conjunto, se destaca la producción de servicios de salud en el país y el acceso de las personas a esos servicios. Sin embargo, pocas veces se hace referencia al trabajo de cuidado familiar que se realiza dentro del hogar y que está mayoritariamente en manos de mujeres. Los sistemas institucionales de salud cuentan con el apoyo del hogar y la familia para el cuidado y la atención de los enfermos cuando son dados de alta, es decir cuentan con el trabajo gratuito de las mujeres. Según la OPS, los cálculos de gastos en salud y sus formas de financiamiento engloban los sistemas institucionales, privados y públicos, pero no incluyen el tiempo invertido en el cuidado dentro de la casa, ni los costos indirectos adicionales ni las pérdidas monetarias que implican. Tampoco existen mecanismos de apoyo o beneficios para las personas que cuidan a los enfermos en los hogares.
      Argumentos para el cambio quiere aportar a la visibilización de la contribución de las mujeres a la salud del país y debatir las formas en que esta responsabilidad afecta sus opciones laborales, en especial en los hogares más pobres, para de esta manera, tratar de evitar contradicciones en las políticas públicas.


Sabía que...
Las mujeres trabajan 13% más de tiempo que los hombres considerando el total del trabajo remunerado y no remunerado. (PNUD 1995)

Las mujeres sostienen el sistema de salud actual

      Para que funcione el sistema de atención actual es indispensable la articulación entre las instituciones y el trabajo doméstico de salud. Al mismo tiempo, esa articulación se basa en la división de los roles sexuales entre hombres y mujeres que da a la mujer el lugar de la casa y la familia y a la vez hace invisible su trabajo.
      No reconocer la contribución económica que representa el trabajo de cuidado que realizan las mujeres en el sistema de salud es una forma encubierta de discriminación. Cuando se habla de "reducción de costos" y "reducción del aparato del Estado" se está pensando en transferir costos del trabajo remunerado al trabajo no pagado de las mujeres.
      La premisa que sustenta algunas medidas de ajuste y reforma es que el Gobierno reduce gastos recortando los servicios, por ejemplo acortando los días de hospitalización de enfermos o el cuidado de ancianos y enfermos mentales porque confía en que las familias se harán cargo de esa parte. Tales medidas se basan en el supuesto de la elasticidad infinita y gratuidad del tiempo de las mujeres y en la expectativa de que ellas estén siempre disponibles, dispuestas y moralmente obligadas a proveer su asistencia en el hogar a los menores de edad, enfermos, ancianos o discapacitados. Pero cuando se habla de que la familia se hará cargo, se está hablando en realidad de las mujeres. Un estudio realizado en Chile sobre cuidado de enfermos por parte de la familia (Reca, Alvarez y Tijoux, 2002) dio como resultado que quienes cuidan son mayoritariamente mujeres parientes de la persona enferma.
      Como la sobrecarga de trabajo es enorme, muchas veces el cuidado del enfermo conlleva la pérdida del empleo, la dependencia económica y graves dificultades afectivas y de acceso a los bienes culturales, además de un desgaste físico y psicológico.
      La realidad antes descrita no es desconocida para nadie pero desde el punto de vista de la medición en términos económicos es invisible. En Chile y los demás países latinoamericanos, el Sistema de Cuentas Nacionales sólo incluye "todos los bienes y servicios producidos y susceptibles de ser vendidos en el mercado", por lo tanto no incorpora el trabajo no remunerado que implica el cuidado de salud en el hogar.


Sabía que...
Ni el presupuesto
de salud ni las cuentas nacionales considera la producción doméstica de atención en salud.

Una sociedad que envejece requiere más cuidados

      Según cifras presentadas en un estudio de OPS en 2004, la magnitud de las poblaciones que requieren de cuidado familiar de salud son considerables y cada una demanda diferentes cuidados: menores, ancianos, discapacitados, algunos enfermos crónicos, terminales, enfermos de episodios agudos inhabilitantes, accidentados de gravedad, personas con adicciones, mujeres que acaban de parir.
      La producción doméstica de salud en Chile crece en la medida que el Estado reduce sus aportes. Si a esto agregamos el dato de que entre 1992 y 2002, la población mayor de 64 años creció de 7,4% a 9,1% entre las mujeres y de 5,7% a 7,0% entre los hombres, nos enfrentamos a un cuadro que promete ser aun más crítico. Habrá más mujeres recargadas con trabajos de cuidado y además envejecidas y sin el necesario reconocimiento de su trabajo. La realidad pone en discusión los fundamentos de la economía de la salud y la forma en que nuestra sociedad está dispuesta a hacer visible, a valorar y retribuir para asegurar el bienestar en el sistema doméstico de cuidado de salud.
      Ha prevalecido la omisión económica y cultural del trabajo doméstico no remunerado de cuidado de la salud, pese al impacto de esas acciones. Esto ha dado lugar a inequidades económicas potentes en relación a salud y género, porque si bien en la producción doméstica de salud trabajan la mayor parte de las amas de casa, ellas no gozan del reconocimiento, seguridad social, apoyo técnico o retribuciones equivalentes por parte de la sociedad.


Sabía que...
Hay más mujeres que hombres mayores de 64 años y además la esperanza de vida de las mujeres es de 79 años mientras la de los hombres es de 73. ¿Quién las cuidará a ellas?

Un debate indispensable

      Entrar en la realidad que rodea el mantenimiento de la salud de las personas en nuestra sociedad y hacer visible el trabajo que desempeñan en ella las mujeres es fundamental porque demuestra que existe una profunda inequidad entre hombres y mujeres y la brecha puede hacerse más profunda si no se buscan caminos para disminuirla.

Algunos datos avalan esta aprensión:

  • El crecimiento paulatino de la población de más de 64 años y el aumento de la esperanza de vida incrementan la carga de trabajo no remunerado de salud realizado en los hogares.
  •  Las necesidades de cuidado familiar de salud van en aumento porque también se incrementan los tratamientos ambulatorios que obligan a un posterior cuidado en la casa.
  • Las enfermedades degenerativas por la edad y las discapacidades requieren de atención permanente de salud.
  •  Los cuidados de salud en la casa están a cargo de las mujeres y este hecho se sostiene por una fuerte presión cultural.

      Por otra parte, las mujeres demandan un empleo y la oportunidad de tener ingresos independientes, los que, además, son necesarios para mejorar la situación de pobreza de muchas familias. De esta manera, se reduce la disponibilidad de fuerza de trabajo a tiempo completo al interior del hogar para el trabajo familiar doméstico y de cuidado. Esto ha obligado a las mujeres a asumir ambos trabajos aumentando las trabas y conflictos de la simultaneidad del trabajo remunerado y no remunerado.
      Para buscar salidas a esta situación, en diferentes foros y desde distintas instituciones, se han hecho propuestas orientadas a visibilizar el trabajo de las mujeres en la economía. La principal se propone generar cuentas satélites de los hogares que permitirían estimar el valor monetario de la producción doméstica y su relación con el PIB. Tal vez, de esa manera, con cifras sobre la mesa, sea posible valorar socialmente este trabajo oculto que aportan cada día las mujeres e introducir estas consideraciones en el diseño de políticas sanitarias, económicas y sociales.

 

¿Y a mi quién me cuidará?


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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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    Esta publicación cuenta con el apoyo financiero de la Fundación Ford.