69
marzo
2007

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HACIA UN NUEVO CONTRATO DE GÉNERO
PARA EL DESARROLLO

      En los últimos meses una serie de noticias aparentemente no relacionadas entre sí ponen como tema de debate la reproducción de la sociedad en sus componentes biológico, psíquico, social, económico y ecológico. Entre otras, se destacan el reconocimiento del trabajo reproductivo de las mujeres en el proyecto de previsión social elaborado por el gobierno; las consecuencias de la disminución de la natalidad en el encarecimiento de los sistemas de pensiones; las polémicas en torno a la “píldora del día después”, la duración de las licencias maternales así como también el informe de Naciones Unidas sobre el Calentamiento Global. Cada uno de estos temas suscita interrogantes acerca de cómo, quiénes y con qué grado de responsabilidad se esté abordando actualmente la reproducción y organización futura de nuestra sociedad.
      La maternidad y la paternidad, el trabajo reproductivo, doméstico y de cuidado son partes sustantivas del proceso de reproducción social. Sin embargo, estas conductas sociales no pueden entenderse sólo a partir de las diferencias sexuales de hombres y mujeres sin considerar las dimensiones biográficas, sociales e históricas que condicionan estas experiencias y las maneras en que son organizadas y valoradas. Como veremos, la reproducción biológica, la crianza y el desarrollo de las personas dependen de la organización de la economía y de la producción de bienes y servicios, de la cultura y del medio ambiente, así como de las políticas públicas implementadas por el Estado.
      En este número Argumentos para el cambio quiere poner en debate las formas en que las condiciones de trabajo, tanto en el trabajo productivo como en el reproductivo y de cuidado, así como las relaciones de género, inciden en la reproducción de la sociedad en su conjunto.


Sabía que...
Hay un grupo creciente de hombres y mujeres que teme tener hijos/as por miedo de las catástrofes ambientales y sociales que vivirían.

La maternidad y la paternidad: experiencias sociales e históricas

      Cada época tiene una manera de elaborar imágenes, normas y prácticas sobre la reproducción biológica. Elizabeth Badinter y Phillipe Ariès, estudiosos franceses de la historia social, afirman que la valoración de la infancia y de la maternidad como experiencia de cuidado y apego emerge a mediados del siglo XVIII.
      El hecho biológico de procrear y embarazarse puede ser interpretado de diferentes maneras de acuerdo a las biografías personales. Para algunas mujeres, sobre todo en décadas pasadas, la maternidad es la fuente más importante de reconocimiento social y de poder pese a que también ha significado poner en riesgo su vida y, por tanto, el cuidado de los hijos que ya tienen. En la actualidad las mujeres han ganado márgenes de libertad para elegir su propio destino, como persona, madre, profesional o como dirigente y pueden optar por no ser madres sin negar por ello su compromiso con la reproducción biológica y social. Para algunos hombres, especialmente en años pasados, la paternidad es un signo de virilidad y reconocimiento social. No obstante, pueden regar su semen sin preocuparse por el embarazo, ni muchas veces de los niños/as que contribuyen a engendrar. Otros hombres, en cambio, exigen el reconocimiento de sus derechos como padre y vivir la experiencia de la crianza.
      En las últimas décadas, debido a cambios estructurales y a la acción del movimiento feminista, se ha ido debilitando el orden de género. El reconocimiento de la libertad e igualdad y de la responsabilidad de los sujetos sobre el devenir de la sociedad han nutrido las luchas de las mujeres por igualdad, autonomía y derechos. En la actualidad, por ejemplo, la violencia contra las mujeres y el castigo físico a los hijos/as son considerados violaciones a la integridad personal y existe una mayor condena al abuso sexual.
      Desde esta perspectiva, las tareas asociadas a la reproducción biológica requieren de una redistribución de oportunidades y recursos entre hombres y mujeres para que ellas puedan desarrollar sus proyectos y compromisos, y atender a los derechos y necesidades de las y los hijas/os. La bondad y abnegación de las madres no bastan para atender el conjunto de tareas reproductivas y de cuidado cada vez más exigentes ni para defender a los hijos del abuso ejercido por padres, profesores, ni de la inseguridad ciudadana ni para socializarlos en el sentido de independencia y responsabilidad social. Pensemos en cuántas madres se han visto presionadas a ser cómplices de los abusos a sus hijos e hijas por parte de sus parejas; cuántas no han podido defenderlos/as del dominio de los padres y cuántas otras han debido soportar la violencia de sus parejas para poder sostener a sus hijos.


Sabía que...
Las mujeres de sectores de más bajos ingresos enfrentan la tensión entre necesitar un trabajo pagado y tener una alta carga de trabajo doméstico.

La reproducción: una tarea social

      Los cambios ocurridos en la organización de la producción y el trabajo repercuten en el ámbito laboral y en el ámbito reproductivo afectando a la reproducción social en su conjunto. Seis tendencias marcan los cambios: 1) heterogeneidad creciente de las formas del empleo asalariado y emergencia de nuevas formas de relación laboral atípicas o precarias; 2) biografías laborales más diversas y discontinuas, que alternan períodos de ocupación, de desocupación e inactividad; 3) el sistema normativo laboral y social pierde su capacidad protectora; 4) el crecimiento de los servicios –financieros, comerciales, tecnológicos– implica que las y los trabajadoras/es estén disponibles para cumplir horarios discontinuos y no predecibles; 5) debilitamiento de la división sexual del trabajo debido al ingreso creciente de mujeres al mercado de trabajo; y 6) la economía se organiza con criterios de rentabilidad inmediata sin considerar sus efectos en la población, la sociedad global ni las consecuencias ambientales del uso irresponsable de energía contaminante.
      Los cambios señalados alteran la vida cotidiana y en particular las formas de articular el trabajo remunerado con la vida personal y familiar, afectando por ende la calidad de la vida, los patrones culturales, la reproducción de la sociedad y la preservación del planeta.
      La variación de los horarios de trabajo (turnos, trabajo nocturno y en días festivos) y de la organización del tiempo de trabajo (jornadas variables, sin horario fijo, trabajo a demanda o de libre disponibilidad, etc.) alarga, en general, las jornadas laborales. A los trabajadores, en especial a las mujeres, les disminuye la libre disposición del tiempo no laboral. Se afecta así la posibilidad de planificar la vida cotidiana y atender al desarrollo y bienestar de las personas, y el trabajo reproductivo y de cuidado. A la vez, las jornadas parciales proliferan para cubrir la mayor demanda en ciertas épocas del año, o en el comercio y servicios los fines de semana.
      Frente a estos grandes cambios no ha habido una significativa respuesta social referida al trabajo reproductivo y de cuidado. La sociedad sigue considerando la reproducción y el cuidado como un “bien no producido”, y a las mujeres como las responsables de compatibilizar la relación producción-reproducción. Así, aunque las mujeres van logrando mayor autonomía tienen mayores conflictos en la organización de los tiempos del trabajo remunerado y reproductivo. Por otra parte, las familias no pueden cumplir con todos los requerimientos derivados de la reproducción y el cuidado.       Así por ejemplo, niños y niñas necesitan espacios educativos y recreativos desde edades muy tempranas si se quiere que desarrollen capacidades que les permitan hacer frente a los nuevos desafíos y requerimientos de una sociedad cada vez más compleja.
Debido a la división sexual del trabajo aún predominante se exige, preferentemente a las mujeres, que compensen la insuficiencia de los servicios públicos y los efectos desgastantes del trabajo de mercado. De esta manera no sólo están subsidiando al mercado sino que se profundiza la desigual distribución social de los trabajos.


Sabía que...
A pesar de las dificultades que enfrentan las mujeres para repartirse entre el trabajo reproductivo y productivo, valoran las dimensiones de independencia y la superación del aislamiento.

Necesidad de un nuevo contrato social y de género

      Las condiciones de la reproducción de la fuerza de trabajo y de la sociedad están en riesgo. Esto exige un urgente debate público en que participen todas las personas y la diversidad de instituciones sociales, estatales, empresariales y políticas.
Para una reproducción social orientada al desarrollo y la calidad de vida se requiere:

  • La eliminación de la violencia contra las mujeres y de la inseguridad ciudadana.
  • Respeto a los derechos económicos, sociales y culturales y a los derechos sexuales y reproductivos.
  • Redistribución del trabajo social entre hombres y mujeres, el Estado, el mercado, así como al interior de las familias.
  • Desarrollar conciencia individual y social sobre el deterioro del planeta y de las medidas que lo contrarresten.

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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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