7
septiembre
1996

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Educar o no educar... el dilema de la educación sexual

En el último mes, una vez más, se han confrontado con fuerza posiciones diversas frente a un tema cultural de alto contenido valórico: la educación sexual. Las posiciones más tradicionales y conservadoras abordan el problema de manera confrontacional y dogmática que niega en los hechos, la existencia de distintas concepciones y matices en la comprensión de la sexualidad, compleja dimensión de la existencia humana.
    Nadie podría negar que la posición de hombres y mujeres en la sociedad ha cambiado y que estos cambios han afectado la experiencia sexual de las personas. El desafío es entonces analizar si las concepciones, las normas y valores atribuídos a la sexualidad en el pasado son coherentes con la experiencia real del presente y si sirven efectivamente para favorecer comportamientos sexuales sanos y enriquecedores.
    La sexualidad como otros aspectos de la vida humana y de la sociedad no es inmutable. El significado que las personas le otorgan cambia a través de la historia. Volviendo la mirada hacia atrás podemos encontrar sociedades más permisivas y creativas frente a la sexualidad, junto a otras como la victoriana que la abordaron como algo pecaminoso, que debía reprimirse, lo que dio lugar, como se sabe, a una sociedad enferma donde eran frecuentes los ataques histéricos de las mujeres y los caracteres autoritarios, obsesivos y rígidos en los hombres. Desde entonces las investigaciones han demostrado que reprimir la sexualidad en las personas lleva necesariamente a reprimir otras áreas fundamentales de su personalidad, especialmente aquellas que les son indispensables para vivir en comunidad.
    En el tema específico de la educación sexual conviene recordar al menos estos elementos centrales: La sexualidad como toda dimensión humana involucra aspectos sentimentales, afectivos, emocionales, físicos, psíquicos, sociales y económicos. En casi todas las culturas, la sexualidad es considerada una energía humana básica, indispensable para lograr armonía consigo mismo y con los demás, para el desarrollo de la cultura y de las distintas expresiones artísticas.
 
 


Sabía que...
el 40% de los niños nacidos durante 1995 nacieron fuera del matrimonio.
La sexualidad es un asunto de interés privado y público
Pna expresión importante del cambio en la comprensión de la sexualidad y en los nuevos consensos sociales de cómo abordarla son las posiciones adoptadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en relación a la salud sexual. Para la OMS la salud sexual supone la integración de los elementos somáticos, emocionales, intelectuales y sociales del ser sexual, por medios que sean positivamente enriquecedores y que potencien la personalidad, la comunicación y el amor.
    Vivir la sexualidad de manera integral es el producto de un largo proceso de formación que se inicia en el nacimiento y en el que intervienen entre otros, los padres, la familia, los amigos, la escuela, los medios de comunicación, el Estado. En cada sociedad la educación sexual es abordada de acuerdo a los valores culturales de los grupos de referencia de los jóvenes, que en sociedades complejas y modernas son cada vez más diversos y plurales.
    Sin embargo, al Estado le corresponde un papel importante para evitar graves problemas de carácter social tales como los embarazos indeseados y las enfermedades de transmisión sexual, que frustran el desarrollo, la satisfacción y la salud de las personas. También debe intervenir para proteger a los grupos más vulnerables del abuso y la explotación.
    En Chile, cada año se embarazan 40 mil adolescentes, sin que sea posible saber en muchos casos quienes son los padres de esos hijos. La mayoría de estos embarazos no fueron buscados ni deseados, sino que se produjeron como resultado de la actividad sexual sin medidas de prevención, muchas veces por falta de información, a veces como producto de profundas insatisfacciones y carencias afectivas de las jóvenes que ven en un hijo una fuente de compensación y reconocimiento, independientemente de las posibilidades reales de criarlo. Por otro lado, en un porcentaje significativo, los embarazos son producto de abusos sexuales cometidos en el seno de la familia. Es igualmente preocupante el aumento del SIDA en el país.
    Estos hechos son sin duda temas de interés público y deben ser objeto de políticas. Para prevenir embarazos indeseados es necesario que se realicen estudios que permitan conocer la magnitud del problema, saber quiénes son los padres de esos bebés y en qué circunstancias fueron concebidos. Porque es ciertamente distinto ser una madre adolescente a los 17 años y concebir un hijo dentro de una relación de pareja, que ser madre a los trece como producto de la violencia, el engaño o la seducción. Ambos casos exigen políticas de orden diferentes. En el primer caso se trata de difundir información y de atender a las razones de la insatisfacción de las jóvenes. En el segundo caso, se trata de implementar políticas, como ya se hace en otros países, que protejan a los niños y niñas y les enseñen a reconocer y defenderse de potenciales agresores sexuales.
    Estos graves problemas no se abordan con medidas puntuales sino con políticas integrales que entiendan la salud sexual como fuente de energía y parte indispensable del desarrollo de la vida y de las relaciones personales. Para lograr este objetivo es necesario reconocer en primer lugar, que los jóvenes están teniendo actividad sexual cada vez a edades más tempranas, por tanto la información y educación sobre la sexualidad de forma integral, les permitirá ejercerla responsablemente y acorde a sus posibilidades emocionales. En segundo lugar, dar oportunidades, importancia y atención a los jóvenes puede permitir que sientan su propia valía y no necesiten buscar en el hijo (en el caso de las adolescentes) el sentido de su vida. En tercer lugar, reconocer que los abusos sexuales dentro de la familia o en el entorno más cercano son una realidad lleva necesariamente a la conclusión de que los niños y niñas deben saber, desde muy pequeños, cómo cuidarse y protegerse de los adultos que pueden, eventualmente, agredirlos sexualmente.
    Finalmente, y dada la alta incidencia de las enfermedades de trasmisión sexual entre los más jóvenes, la educación sexual debe tener también un aspecto preventivo. En los tiempos del SIDA resulta la mayor de las irresponsabilidades sociales exponer a los jóvenes a iniciarse sexualmente, sin la debida información.
    Esta es la realidad que niegan las fuerzas más conservadoras que no sólo consideran innecesarias las políticas de educación sexual, sino que las responsabilizan de los supuestos "desbordes" sexuales de los niños y jóvenes. Estas fuerzas actúan contradictoriamente. Por un lado, propician altos grados de escolaridad y competencia en los jóvenes para que se sitúen favorablemente en un mercado cada vez más abierto y competitivo, pero por otro, les niegan el derecho de aprender a conectarse con una parte fundamental de sí mismos, que tiene gran importancia para enriquecer la identidad personal en una sociedad tan cambiante como la actual.
 


Sabía que...
el Sida aumentó en Chile un 28,5% durante el último año y más de 30% en mujeres.
Por el respecto a una sexualidad integral
Muchos son los responsables en la sociedad del desarrollo y ejercicio de una sexualidad integral y responsable.

Al Estado le corresponden algunas acciones específicas:

  • Impulsar programas de prevención de las enfermedades de transmisión sexual.
  • Impulsar programas de prevención de embarazos adolescentes indeseados.
  • Difundir información e implementar programas de educación sexual adecuada que contribuyan a tomar decisiones responsables sobre la maternidad y la paternidad.
  • Proporcionar los servicios adecuados y eficaces de anticoncepción y difundir la existencia de tales servicios.
  • Respetar el derecho a la información sexual de los jóvenes.
  • Asegurar el ejercicio de los derechos reproductivos. Esto significa que los ciudadanos y ciudadanas puedan decidir libre y responsablemente el número de hijos que desean tener.
     


Sabía que...
cada año nacen casi 40.000 hijos de madres adolescentes.

Quino

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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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Esta publicación es financiada por el Fondo para la Sociedad Civil creado por el Acuerdo de Cooperación Suecia-Chile, administrado por el SERNAM. Sin embargo, las expresiones y contenidos vertidos no representan, necesariamente, la opinión institucional del SERNAM.