87
junio de 2010

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CEM

 

 

QUE LOS ÁRBOLES NO OCULTEN EL BOSQUE

     Han pasado cuatro meses desde el terremoto y el cambio de gobierno. Con sorpresa hemos sido testigos de la reaparición en algunos sectores sociales y políticos de planteamientos que suponíamos superados después de veinte años de democracia: la negación de la violación de los derechos humanos, el desconocimiento
de los derechos individuales y de la autonomía de las mujeres y el subordinar a la mujer a los intereses familiares.
      La implementación de nuevas propuestas políticas e incluso la continuación de políticas implementadas por gobiernos pasados, se integran a una estrategia de destrucción de la imagen y obra de los gobiernos de la centro izquierda. De esta manera, si por un lado se reconocen algunos avances en el bienestar y seguridad de un cuantioso número de personas, se agravia a las fuerzas sociales y políticas que impulsaron estos cambios.
      El gobierno actual puede, sin duda, estar animado por la voluntad de hacer progresar al país. Pero, al mismo tiempo, tiene el compromiso de fortalecer los intereses sociales, políticos y económicos de las fuerzas que lo sustentan. Si bien aparentemente sería posible coincidir con algunas medidas asumidas por el gobierno, tales como el reconocimiento de las uniones homosexuales, es probable que estemos en desacuerdo con la definición que se hace de los problemas y el horizonte cultural que las alienta.
      Un gobierno es mucho más que una sumatoria de medidas y acciones aisladas; estas siempre se anclan en determinadas concepciones y horizontes de sociedad deseada. A través de ellas se pueden ir construyendo caminos que nos pueden alejar o acercar a nuestros propios deseos y proyectos y a las metas de justicia e igualdad a las que aspiramos para la sociedad.
      Argumentos para el cambio quiere reflexionar en este momento sobre las distintas motivaciones y valores que pueden animar las políticas y las medidas que siendo aparentemente iguales nos encaminan hacia futuros diferentes. Le preocupa el énfasis otorgado a “la” familia por sobre los derechos individuales, la sobrevaloración entregada al mercado, desestimando la importancia del Estado en la
solución de problemas públicos y sociales.


Sabía que...
Desde el año
2001 al 2009
el número
de centros
de atención
de mujeres
violentadas
aumentó de
17 a 90.
LAS RELACIONES DE GÉNERO EN UNA SOCIEDAD TRADICIONAL

     Durante los últimos veinte años, desde los gobiernos y el parlamento se tomaron una serie de medidas a favor de la igualdad entre hombres y mujeres y de la libertad de las personas para elegir sus estilos de vida y ejercer ciudadanía. Entre otras muchas políticas cabe destacar la supresión de las discriminaciones de género de la legislación y las normativas, la aprobación y mejoramiento de la ley contra la violencia, la ley de divorcio, los cambios en las leyes de pensiones familiares, los programas de educación preescolar y salas cuna y la elaboración de normas de salud, siendo la política de contracepción de emergencia una de las más relevantes. Es cierto que otras demandas importantes relativas a la autonomía y el reconocimiento de la capacidad ética de las personas para decidir sobre sus vidas, entre ellas las demandas del reconocimiento de la unión homosexual y la reposición del aborto terapéutico, no fueron abordadas por la oposición de la Iglesia, de fuerzas de derecha y de algunas corrientes tradicionales dentro de la Concertación.
     Las transformaciones en las relaciones de género fueron respaldadas por los cambios sociales y culturales y los movimientos de mujeres y feministas a nivel nacional e internacional, que hicieron alianzas con algunos sectores dentro de los partidos; por la existencia de convenios y tratados internacionales que suscribió el gobierno una vez recuperada la democracia; y por la incorporación de mujeres en cargos del Estado.
     A la inversa, las corrientes tradicionales condicionan la vida de las personas a las representaciones, normas y prácticas sociales diferentes para hombres y mujeres. De esta manera se pone a las personas en situaciones de desigualdad para desarrollar sus capacidades como individuos y ciudadanos, para decidir qué hacer y qué ser en la vida. En la medida que las normas formales e informales son propuestas por aquellos sectores que tienen más poder, las personas con menos recursos y en situaciones de subordinación han sido presionadas a consentir y adaptarse a ellas.
     La cristalización actual de estas corrientes de pensamiento es la imposición de los derechos de “la” familia sobre el derecho de las personas y la consideración de solo una forma válida de organizar la vida privada y familiar. Al desconocer la desigualdad y las demandas de justicia de género, no ven la importancia de generar espacios desde donde las personas con menos poder, en este caso las mujeres, puedan rebatir las normas que generan desigualdad. Tampoco ven la importancia de favorecer la representación paritaria de las mujeres en distintos espacios de decisión colectivos.


Sabía que...
El 75% de
los hombres y
el 78% de las
mujeres piensan
que hombres
y mujeres se
desempeñarían
igual en cargos de
presidente.

(Encuesta de desarrollo
humano PNUD 2009).

MEDIDAS SUPUESTAMENTE SIMILARES Y CONSECUENCIAS
DIFERENTES

     La discusión de la prolongación del permiso post natal es un ejemplo de la coincidencia en el reconocimiento de los problemas de la crianza pero de acuerdo a las medidas que se adopten se puede llegar a resultados contrarios y no deseados por las mujeres.
     Así por ejemplo, la prolongación del post natal como beneficio exclusivo para las mujeres que tienen contratos formales y como adscripción exclusiva de la responsabilidad de la crianza a la madre tiene el riesgo de reforzar la separación de los roles entre hombres y mujeres, y a la vez delegar los costos de la maternidad sólo en ellas. De esta manera las mujeres, en la familia y el mercado, estarán obligadas a permanecer en situaciones de desventaja. Por otra parte, la no generalización del postnatal a todas las trabajadoras crea una brecha injusta entre ellas.
     El deseo de elevar la participación laboral de las mujeres, especialmente las más pobres, puede responder a intereses y concepciones diferentes. Si no se considera su situación en el hogar, ni su posición en el mercado, su participación en el mercado de trabajo puede intensificar sus jornadas de trabajo (remunerado y del hogar) y someterlas a condiciones de empleo precarias o privarlas de los beneficios de vínculos sociales en el espacio laboral, como en el caso de trabajo a domicilio o el teletrabajo.
     En la búsqueda de mejorar la participación laboral de las mujeres se atiende principalmente a las necesidades del mercado de mano de obra flexible y a la necesidad de superar los niveles de pobreza de las familias. Se da poca importancia a las consecuencias de estas políticas en una justa distribución del trabajo entre ambos sexos y en el desarrollo personal y laboral de las mujeres.


Sabía que...
Bajo el
gobierno de
Bachelet se
presentaron al
parlamento el
mayor número
de proyectos
relacionados con
la igualdad de
género (151).

QUÉ HACER

  • Difundir los avances logrados por las mujeres en sus derechos individuales y demandas de justicia social.
  • Levantar la vista desde las medidas aisladas para analizar sus consecuencias a corto y largo plazo. Resaltar os peligros del pragmatismo.
  • Profundizar el debate en torno a los temas de los derechos, la igualdad, libertad y justicia.
  • Generar espacios de debate y participar en todos aquellos en que se discutan problemas relevantes que afectan la igualdad y autonomía de las mujeres.

 

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Argumentos para el cambio     ISSN 0717-2346

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