Ha transcurrido más de un mes desde el 18 de octubre, día del llamado “estallido social”. En este periodo el país ha sido conmovido profundamente al quedar al descubierto las injustas normas y erróneas creencias en que se basa nuestra convivencia, las que excluyen a la gran mayoría de mujeres y hombres, disidencias sexuales y de género, pueblos indígenas, regiones y territorios, de una distribución equilibrada y justa de los frutos del crecimiento, privándoles del reconocimiento y dignidad personal que se merecen. Lo que antes se aceptaba con un sentimiento de impotencia, de malestar o de resignación hoy adquiere carácter de escándalo, de inaceptable, que lleva a decir Basta Ya. En este mes de protestas, manifestaciones, asambleas y cabildos la ciudadanía ha desarrollado una gran creatividad, devolviendo la cultura a las calles; ha recuperado el sentimiento de pertenencia, fortalecido su convicción de la urgencia de contar con una nueva Constitución en la que participe la ciudadanía.

La Constitución del año 80, elaborada entre cuatro paredes, consolidó un orden social que concentra el poder en algunos grupos restringidos, desconociendo derechos a la ciudadanía. Asimismo, limita la responsabilidad del Estado en el resguardo de los bienes públicos, en la garantía a derechos sociales y económicos, y en el bienestar social. Los altos quórums exigidos para reformar la constitución actúan como cerrojos a la participación ciudadana. El excesivo poder del presidente debilita la iniciativa legislativa y empobrece la política al disminuir la capacidad de dar respuesta a las demandas ciudadanas de las fuerzas progresistas en el parlamento.
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Argumentos para el cambio en tiempos constituyentes Nº90

Las mujeres en los procesos constituyentes en América Latina