Se ha escrito mucho en estos días sobre el coronavirus que asola al mundo y evidencia en forma dramática la vulnerabilidad que nos une como seres humanos en un mundo cada vez más interconectado. Se ha denunciado la soberbia e ineficacia de un modelo de desarrollo orientado a acumular riquezas a costa de una creciente desigualdad entre los grupos sociales y los países, y que controla y se apropia de los recursos de la naturaleza dañando al planeta.
Se ha hecho ver que, pese a que todos somos vulnerables a enfermar o morir, o perder seres queridos, los efectos de la pandemia son diferentes de acuerdo con la clase social, el género, la edad, el territorio y las características del sistema político y las políticas públicas adoptadas en los distintos países. En estos meses el papel de los alcaldes, de profesionales cercanos a la población, de la presidenta del Colegio Médico, de las universidades, de las organizaciones sociales y de los movimientos feministas han sido fundamentales para democratizar y transparentar la estrategia de enfrentamiento a la pandemia y convertirla en una más cercana a las necesidades y sentimientos de la ciudadanía. La mesa social del COVID 19 es un ejemplo de ello.
Hemos sido testigos de conductas de enorme generosidad y solidaridad junto a otras que rayan en la maldad debido al individualismo y egoísmo del comportamiento de algunas personas. Es emocionante ver cómo las distintas corrientes del feminismo han continuado, en forma virtual, debatiendo y dando seguimiento a las políticas contra COVID 19, alertando y apoyando a los grupos que merecen especial protección: las trabajadoras y trabajadores que siguen desplazándose por la ciudad en transporte público, las trabajadoras de casa particular, las mujeres presas, muchas por tratar de asegurar la sobrevivencia de sus familias, los jóvenes detenidos durante el estallido. Están atentas a las consecuencias materiales, seguridad, salud mental de las mujeres y sobre todo a la intensificación de la violencia doméstica hacia las mujeres.
Muchas organizaciones y redes de mujeres alertan también sobre las consecuencias de la pandemia en el trabajo remunerado de las mujeres realizados en condiciones precarias y en la intensidad del trabajo doméstico, más aún cuando, en muchos casos, ambos deben realizarse en un mismo espacio debido al confinamiento.
Como en otros momentos de crisis el papel de las mujeres es central, ellas conforman las primeras líneas de los sistemas de salud, de educación y el cuidado de lxs otrxs. Desde los colegios profesionales, desde el parlamento, desde las organizaciones son las mujeres quienes visibilizan y valoran el trabajo de cuidado, eje fundamental para salir de la crisis.
En estas circunstancias, Argumentos quiere acompañar virtualmente a las mujeres. Nos preguntamos por los sentimientos que las embargan, si se sienten protegidas, con qué soportes familiares, personales y afectivos cuentan, ¿cómo viven el confinamiento?, ¿cuáles son sus costos? ¿han percibido algunas ventajas de permanecer en casa?, ¿cuáles son las dudas que tienen en el día a día? ¿Cómo les ha afectado el saber que falta más tiempo para contar con un nueva Constitución más justo que garantice sus derechos?
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Argumentos para el cambio en tiempos constituyentes Nº 93

Son mujeres: algunas cifras sobre la realidad que vivimos las mujeres

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