La convocatoria al plebiscito nacional en octubre del 2020 para decidir sobre la elaboración de una Nueva Constitución es uno de los hitos más importantes de nuestra historia republicana. Él nos obliga a ampliar la mirada desde el presente hacia el pasado para analizar, recuperar experiencias y anticipar escenarios futuros sobre la sociedad en la que queremos vivir de mejor manera. No es posible mantener la misma distribución del poder y concentración de las oportunidades en una sociedad que experimenta transformaciones culturales tan importantes que se expresan en la afirmación de la autonomía personal y colectiva, en la oposición a distintas formas de desigualdad, en la mayor conciencia de derecho y en el malestar de la mayoría de la ciudadanía frente al autoritarismo, al aislamiento y al menosprecio que permean en muchas ocasiones las relaciones sociales con quienes son diferentes.
El plebiscito es el primer paso de un proceso constituyente que tomó fuerza en el país con el estallido social y ha continuado durante la pandemia. Junto a las manifestaciones masivas iniciadas en octubre, se abrieron espacios de deliberación para expresar malestares, identificar los problemas que se comparten y demandar un cambio constitucional.
También durante la pandemia, continuaron las deliberaciones a nivel virtual, desde múltiples y distintos espacios locales, nacionales e internacionales, organizaciones políticas, sociales, asambleas autoconvocadas y colegios profesionales. En ellos, las organizaciones sociales y grupos articulados en torno a la elaboración de agendas debaten lo que va aconteciendo y anticipan temas y propuestas para incluir en un nuevo ordenamiento constitucional.
Los movimientos feministas y de mujeres han tenido un rol fundamental. Participaron masivamente de la protesta social y luego mostraron los efectos negativos de la pandemia sobre las mujeres en lo referido al sobre trabajo, el carácter integral de la violencia de género, la vulneración de los derechos sexuales y reproductivos reconocidos. Han generado redes de apoyo en torno a las mujeres más afectadas, han alertado sobre los riesgos de retroceso en sus derechos y en los logros alcanzados en su autonomía económica, física y política. Han luchado por participar en condiciones paritarias en el debate constituyente y con ello incluir las distintas dimensiones de las desigualdades de género en la elaboración de los contenidos de la Nueva Constitución, tanto en los principios, deberes y derechos, como en la organización y distribución del poder entre distintas instituciones.
El plebiscito puede ser entonces una suerte de bisagra que separe una forma agotada e injusta de concebir la sociedad, de distribuir el poder y definir la posición y acceso de distintos grupos a los bienes, al reconocimiento y prestigio social y dé inicio a un proceso de debate y búsqueda de nuevas formas de convivir más inclusivas, justas, plurales, igualitarias y sostenibles. En este proceso participará la ciudadanía y distintos grupos sociales con ideas e intereses diferentes. Este debate no estará exento de conflictos e incertidumbre. Se tendrá que aprender a construir colectivamente nuevas concepciones de sociedad y alternativas inclusivas que tomen distancia de los discursos únicos, encerrados en sí mismos. También habrá que aprender a acumular fuerzas, generar mayorías, lidiar con la diversidad y abrirse a nuevos debates.
Descargas y Material Pedagógico

Argumentos para el cambio en tiempos constituyentes Nº 98

Qué efectos podría tener una nueva constitución con perspectiva de género en nuestras vidas.

Históricas: hacia una nueva constitución