
Laís Abramo, Silvia Berger, Héctor Szretter y Rosalba Todaro
Organización Internacional del Trabajo, 2005
Los estereotipos sobre hombres y mujeres en el trabajo constituyen un factor importante en
la persistencia y reproducción de las distintas formas de discriminación de género en América
Latina. A pesar de la mejoría en una serie de indicadores relativos a la inserción laboral femenina,
entre ellos la reducción de algunas de las brechas de equidad con relación a los hombres, dichos estereotipos, o imágenes de género, que tienden a desvalorizar a la mujer como trabajadora,
continúan siendo muy arraigados.
Entre los estereotipos más persistentes, resalta aquél según el cual los costos asociados a la
contratación femenina son superiores a los costos de la mano de obra masculina, a pesar de que las
remuneraciones de las mujeres son en promedio inferiores. Es muy común la idea de que las
diferencias de remuneración entre hombres y mujeres serían el resultado de la necesidad de
compensar los mayores costos asociados a la contratación de mujeres, que se originarían en
normas protectoras de la maternidad. Estas se refieren principalmente a cuestiones relacionadas
con la protección a la maternidad y al cuidado infantil (licencia por maternidad, horario especial
para la lactancia, protección contra el despido, disponibilidad de guarderías infantiles y permisos
para el cuidado de los hijos enfermos). Las responsabilidades domésticas y familiares, que todavía
son asumidas casi exclusivamente por las mujeres, son consideradas también factores adicionales
de costos que se traducen en una supuesta mayor tasa de ausentismo de la mujer y menor
disponibilidad que el hombre para trabajar horas extras, o en turnos, viajar o capacitarse. Esos
argumentos pretenden justificar también la desigualdad de remuneraciones de las mujeres en
comparación con los hombres.