Estamos subiendo a nuestra página WEB en la sección Publicaciones, dos estudios basados en documentos, datos secundarios y primarios, y entrevistas que reconstruyen la historia del movimiento feminista desde 1980: El primero “Procesos políticos e institucionales e igualdad de género: Chile 1980. 2010,” corresponde a una tesis doctoral de sociología de Virginia Guzman en la Universidad Autónoma de Barcelona España. El segundo, también de carácter histórico, “Huellas De Futuro: El campo feminista en Chile (2015 – 2022)”, de Virginia Guzmán Barcos, Mariela Infante Erazo y Javiera Ramírez Palominos, 2024. Estos dos libros se suman a la publicación del libro “¿Un nuevo silencio feminista? La transformación de un movimiento social en el Chile posdictadura”, de Marcela Ríos Tobar, Lorena Godoy Catalán y Elizabeth Guerrero Caviedes.
Los tres forman parte de un mismo compromiso institucional de rescatar la historia feminista para alimentar el diseño de estrategias futuras, como bien lo señala Lorena Godoy en la presentación del libro “huellas para el futuro” campo- feminista e Chile 2015- 2020.
Más sobre el libro en nuestra sección Libros: Huellas del Futuro
Presentación libro
Huellas de Futuro: El campo feminista en Chile (2015-2022)
Virginia Guzmán Barcos, Marcela Infante Erazo, Javiera Ramírez Palominos
Corporación Humanas, martes 10 de septiembre; 18:30 hrs.
Escuela de Derecho UDP Auditorio R112, República 112
Lorena Godoy Catalán
Junto con saludarles, agradezco la invitación a presentar este libro y compartir con ustedes algunas reflexiones a propósito del modo como su lectura me interpela desde distintos lugares.
Como investigadora del Centro de Estudios de la Mujer, una organización a la que ingresé el año 1998, y que ha contribuido muy significativamente, en conjunto con otras organizaciones, por cierto, al desarrollo de un campo de conocimiento sobre mujeres y género en nuestro país desde inicio de los años 80, así como a la implementación de una institucionalidad de género en el marco del retorno a la democracia en los años 90.
El libro también me interpela -como no- en tanto coautora de otro libro escrito hace 21 años por un equipo de investigadoras del Centro de Estudios de la Mujer, y recientemente reimpreso, sobre el movimiento feminista en Chile en los años noventa, en el contexto del retorno a la democracia. Me refiero al libro “¿Un nuevo silencio feminista? La transformación de un movimiento social en el Chile posdictadura” escrito con Marcela Ríos y Elizabeth Guerrero.
También me siento convocada en tanto feminista e integrante del Colectivo Bajo Sospecha, formado en los años noventa.

Me interpela además como licenciada en historia, esa es mi primera formación, y me hace pensar en cómo habría reaccionado si me hubiera encontrado con un libro de estas características en la búsqueda de información en el marco de distintas investigaciones.
Como actual profesora de la Universidad Diego Portales, también este libro me convoca. Desde esa posición viví el Mayo Feminista de 2018, con su fuerza, con su valentía, pero también en su “deriva punitiva” como mencionan las autoras del libro. Además, como profesora que acompaña la formación de estudiantes de la carrera de Psicología, en la formulación y ejecución de proyectos de investigación desde una metodología cualitativa, cuestión que me parece tiene puntos de conexión muy interesantes con este libro.
Y trataré de hablar desde estos distintos lugares y momentos vitales, desde los que el libro, como les decía, me convoca
Como licenciada en historia, iniciándome en la investigación sobre la historia de las mujeres en Chile, y también en posteriores estudios sobre el trabajo de las mujeres en el siglo XX en nuestro país, este es un libro con el que una se alegra de encontrar. Y les explico por qué.
Se trata de un libro que combina la documentación de un fenómeno social -a través de la reconstrucción de hechos, del registro de antecedentes gráficos y de la consulta a fuentes orales- con el análisis crítico de dichos antecedentes.
Que está escrito en el momento en que el fenómeno social estudiado ocurre, y por autoras que, como ellas mismas lo señalan, son feministas involucradas política y personalmente con el proceso analizado.
En este sentido este libro constituye una FUENTE para el estudio de la historia del movimiento feminista en Chile, es decir, aquella materia prima o como nos decía un profesor de la Escuela de Historia, aquello que “nos afirma en la existencia” y que hace posible el estudio y reflexión histórica. Creo que en eso deben haber pensado las autoras, Virginia, Marcela y Javiera al elegir el título del libro, “Huellas de futuro”.
Como parte de un equipo de investigadoras que estudió lo ocurrido con el movimiento feminista en los años noventa, en el proceso de retorno a la democracia, hay algunas cuestiones que me gustaría compartir.
En primer lugar, este libro que se presenta hoy, y aquel escrito sobre los años noventa, pone de manifiesto la importancia del ejercicio de la memoria, del registro de la acción política de las mujeres -en un sentido amplio-, como expresión del reconocimiento del Feminismo como un movimiento social y político de larga data, que reconoce su historia, que construye futuro sobre el registro y reflexión de lo aprendido, de lo conquistado, también de las derrotas.
En segundo lugar, en relación con la conceptualización que asumen las autoras de este libro al hablar de “campo feminista”. Se trata de un concepto que, de acuerdo con lo que señala su autora, Sonia Álvarez, permite dar cuenta de un movimiento dinámico, diverso, en el que coexisten distintas estrategias, identidades y generaciones, que está presente en espacios diversos, en las calles, universidades y escuelas, en organizaciones de la sociedad civil, instituciones públicas, etc.
En el estudio del feminismo de los años 90, la misma autora, Sonia Álvarez, planteaba que más allá de las definiciones clásicas de movimiento social, para hablar de movimiento feminista en esos años, era necesario también pensarlo como un “campo de acción, expansivo, policéntrico y heterogéneo” que había experimentado la multiplicación de espacios donde actuaban mujeres que se identificaban como feministas. De acuerdo con ello, planteaba el concepto de “campo de acción” con el que precisamente trabajamos nosotras en aquel libro ¿Un nuevo silencio feminista?, entendiéndolo como formas de organización y de estructuras diversas; como repertorios de acción y repertorios de sentido también muy heterogéneos, en el que mujeres de distintas generaciones y procedencias sociales, eran convocadas a una movilización política más que en torno a una identidad (el ser mujeres), en torno a una proyecto ideológico, el feminismo, como sistema de ideas basado en el análisis crítico de la subordinación de las mujeres, que asumía el género como su principal categoría de análisis, y que se proponía la transformación de las relaciones de poder entre los géneros, es decir, era un movimiento con un sentido emancipador.
No se trata de una coincidencia, claro está. Sino más bien de la persistencia de un movimiento social con características particulares, que ha propiciado la crítica a ciertos marcos teóricos y la generación de concepciones que den mejor cuenta de la naturaleza heterogénea de estrategias y de repertorios de sentido que caracterizan al feminismo y en las que reside su vitalidad, su fuerza y su persistencia.
En tercer lugar, en lo metodológico, Virginia, Marcela y Javiera declaran realizar una “investigación activista críticamente comprometida” que echa mano de distintas estrategias de levantamiento de información, entre ellas, la entrevista a 34 feministas.
Lo menciono pues se trata de una opción metodológica que también asumimos para desarrollar la investigación del feminismo en los años 90, la entrevista a mujeres feministas de distintas ciudades del país, y además por otra razón. Porque como lo indican las autoras en el inicio del libro, se trata de una forma de hacer investigación relevando dos cuestiones muy fundamentales. La producción dialógica del conocimiento, es decir, en el diálogo entre entrevistada y entrevistadora, en la interacción, en las subjetividades que se expresan, es donde se genera gran parte del conocimiento. Y, por otro lado, la reflexividad de las personas, tanto de quienes investigan como de quienes son investigadas, es decir, la capacidad que tenemos de otorgar sentido a lo que hacemos, a nuestros mundos, a nuestras relaciones; de comunicar esos sentidos a otro u otra que, a su vez, será capaz de entendernos.
Se trata de cuestiones que hacen posible una indagación de este tipo cuyo propósito es comprender los fenómenos desde la perspectiva de las personas que los encarnan. Y la “objetividad” si pudiéramos hablar de ello se juega precisamente en la capacidad de quien investiga de dar cuenta de esas perspectivas y sentidos que las personas otorgan a aquello que estamos estudiando.
Una cuarta cuestión que me gustaría mencionar son aquellos elementos propios del feminismo que reconstruyen y analizan las autoras del libro en los que distingo algunas continuidades o semejanzas en relación con lo hallado entre las feministas de los noventa, y por supuesto, importantes diferencias.
En cuanto a las continuidades:
- La forma de ingresar al feminismo de parte de las mujeres consultadas. En general, hay experiencias previas de participación en organizaciones sociales diversas, en partidos políticos las mayores, colectivos, organizaciones de base. Algo que fue posible advertir en el estudio de las feministas de los años 90 y que nombrábamos como la combinación en forma simultánea o consecutiva, de la participación en distintas instancias colectivas. Es decir, una proclividad a la participación y a valorar lo colectivo como espacio de reflexión, de contención y de formación de identidad, una dimensión muy relevante para la vida de un campo de acción.
- La valoración por formas de organización horizontales, democráticas. Formas a las que se aspira, y que como bien advierten Virginia, Marcela y Javiera hay que asumir reconociendo sus dificultades y “sin esencialismos”.
- Y junto con ello, se ve muy claramente en el libro un esfuerzo por comprender el campo feminista actual dando cuenta de su carácter intergeneracional y nacional, incluyendo experiencias de feministas de distintas generaciones y de distintos territorios a lo largo del país. Dimensiones que también fueron abordadas en el estudio del movimiento feminista de los años 90.
El libro también da cuenta de lo nuevo, lo diferente, lo distinto de este periodo analizado:
- La relevancia que cobra el accionar feminista en el sector educacional. La participación de mujeres en La revolución pingüina de 2006. El mundo universitario como campo de formación y de acción feminista. La instalación y desarrollo de programas de estudios de género; el Mayo Feminista de 2018 y todas las iniciativas de igualdad de género a las que dieron fruto estos acontecimientos.
- Las problemáticas que visibiliza, la violencia de género, los derechos sexuales y reproductivos, la discusión sobre el derecho al aborto, la diversidad sexo-genérica.
- En cuanto a estrategias de acción, la perfomatividad como nueva forma de expresión de mujeres feministas
- Una mayor visibilidad y conexión del feminismo en regiones del país. El Mayo Feminista de 2018 es una expresión muy relevante al respecto.
- La conexión con movimientos internacionales que, si bien no es algo completamente nuevo, si lo es la internacionalización de la articulación feminista. Expresiones de ello son las marchas Ni una menos (2016) que como lo señalan las autoras muy bien, fueron precedidas por acciones que venían desarrollando a nivel local algunas organizaciones en años anteriores; y la Huelga General Feminista (2019).
Además, el libro pone de manifiesto logros relevantes del movimiento feminista en el periodo analizado:
- El nombrarse feminista como expresión de una mayor validación y legitimación del concepto de feminismo a nivel social, lo que es algo notoriamente diferente del contexto en el que iniciamos el estudio del feminismo en los años 90, cuando el feminismo era una mala palabra.
- Posicionar en lo público una agenda de demandas. Por ejemplo, el concepto de violencia de género en gran medida por la denuncia de este fenómeno en instituciones educativas; la despenalización del aborto; el impulso a la paridad en los espacios de poder; el reconocimiento del cuidado como un trabajo y como un derecho.
- La producción teórica y la investigación empírica sobre el activismo feminista
- La efervescencia feminista en los medios de comunicación
- El impacto de este movimiento en la generación de nuevos órganos, procedimientos y políticas por la igualdad de género y en contra de la violencia de género, en las universidades.
- El impacto en las políticas públicas y en la creación de nuevas normas e instancias institucionales: posicionamiento del concepto de feminicidio; en el año 2017 ley de despenalización del aborto en tres causales; en 2020 ley de composición paritaria de la Convención Constitucional
- La presencia de feministas en la revuelta social de 2019 lo que reactivó la movilización, visibilizando la violencia de género
- La creación de protocolos de acoso y violencia de género en las estructuras partidarias y la implementación de medidas de acción afirmativa.
- Y, por supuesto, la presencia de feministas en la Convención Constituyente y los contenidos que plasmaron en la propuesta de sociedad que presentó la Convención al país. Una propuesta que, como sabemos, fue rechazada de manera contundente y sobre lo que las autoras elaboran reflexiones que, entre otras cuestiones, abordan los errores cometidos, lo que me parece valioso y necesario.
Quisiera cerrar estas palabras pensando precisamente en el tiempo que se abrió luego de este rechazo. Y me valdré para ello de las palabras de una entrevistada: se trata -dice ella- de un “tiempo de poda”. La poda remite al necesario corte de ramas de los árboles para fortalecer sus raíces y con ello asegurar su crecimiento. ¿Y cuáles son esas raíces del feminismo, eso que no deberíamos olvidarlo? Me parece que se trata de entender al feminismo como una fuerza democratizadora.
Por su comprensión del papel fundamental -y fundante dirán algunas autoras-, de las relaciones de género en la construcción de relaciones de poder. Y que por lo tanto entiende que aspirar a una sociedad más democrática pasa necesariamente por una transformación de estas relaciones de género.
Por su capacidad -como lo expresan muchas entrevistadas en el libro- de elaborar una reflexión global en la que se problematiza la interconexión de la opresión de género con otras formas de explotación y de exclusión. Y en ese sentido, NO atañe solo a las mujeres, porque de lo que se trata es de una transformación social.
Que coherente con ello, asume una mirada sistémica que pone en relación ámbitos que habitualmente se abordan en forma separada: cuidado y representación política, educación sexual y superación de la violencia.
Pienso, por último, que el feminismo puede aportar a esta construcción de la democracia también desde formas de entender y ejercer la política en diálogo permanente con las organizaciones sociales; con una vocación de incidir en diferentes ámbito de la vida social e institucional; que está abierto al debate, a reconocer los desacuerdos, las controversias y las diferencias como parte de la vida en sociedad y de la construcción de organización; que aprende de sus errores; que dialoga y que escucha no solo a quienes piensan igual; que sabe de la necesidad de hacer alianzas pues la envergadura de la transformación a la que aspira lo requiere.
Y en ese camino, libros como el que hoy presentamos, son necesarios pues nos ayudan a reconocer y reflexionar sobre una identidad y un quehacer feminista, que se construye, que está vivo, y que a partir de este reconocimiento de lo que ha sido y de lo que es, piensa en lo que quiere ser y puede ser en el futuro.
Muchas gracias,
Lorena Godoy Catalán