Ya se acerca el plebiscito del 25 de octubre, fecha en que la ciudadanía tendrá la oportunidad de elaborar democrática y participativamente una constitución que dé cuenta de las grandes transformaciones culturales experimentadas en el país. La nueva Constitución debe responder a las aspiraciones ciudadanas a un país más justo, participativo y democrático. También a una sociedad más sustentable y que represente la diversidad de naciones del país, tal como fue expresado multitudinariamente en las movilizaciones con banderas de pueblos originarios y en el contenido de los debates de los cabildos durante el estallido social.
En las prácticas cotidianas e interacciones sociales en la familia, en el trabajo, en la política, entre otros muchos espacios, las personas se apropian, examinan y dan nuevos sentidos a los principios y valores que orientan la sociedad e identifican nuevos problemas que no están previstos en las normas constitucionales ni marcos jurídicos actuales.
El reconocimiento de los derechos civiles y políticos tuvo lugar en una sociedad con una concepción muy restringida de ciudadanía – hombres con propiedad, educados-, y que excluía a las mujeres y analfabetos.
Los derechos civiles ponían límites a la intervención del Estado y, a su vez, los derechos políticos garantizaban la participación de una ciudadanía restringida en las decisiones de los estados nacionales. El reconocimiento de los derechos económicos y sociales fue producto de ofensivas democráticas impulsadas desde la ciudadanía, en particular por el movimiento obrero, para responsabilizar al Estado del bienestar social y de extender los derechos a grupos de personas excluidas de su ejercicio.
Asimismo, los derechos culturales conquistados responden a demandas ciudadanas contra la hegemonía y el colonialismo cultural y afirman el derecho de la diversidad de culturas.
Vemos entonces cómo en distintos contextos históricos singulares, se han constituidos campos políticos integrados por fuerzas democratizadoras, entre las cuales los movimientos feministas y de mujeres han jugado un papel fundamental, ya que en forma concertada ejercen poder para transformar y enriquecer los principios, valores y derechos reconocidos constitucionalmente.
Los contenidos atribuidos a los principios y valores y los derechos reconocidos no son ni inamovibles ni definidos de una vez para siempre. En el debate participan distintos actores que, de acuerdo a sus marcos interpretativos de la realidad, sus intereses y grados de poder, inciden en la definición del contenido de los mismos. Por ello, es fundamental garantizar el ejercicio del voto ciudadano el 25 de octubre y la representatividad ciudadana para que los/as Constituyentes puedan intercambiar, confrontar y concordar sus propuestas. La aprobación de la paridad de género, la discusión de escaños reservados a pueblos originarios y la participación de independientes se orientan al cumplimiento de ese fin.
Descargas y Material Pedagógico

Argumentos para el cambio en tiempos constituyentes Nº 99

Maternidad(es): espacio de igualdad y libertad para las mujeres