La estimulante vivencia colectiva de ser parte de una mayoría que aboga por una nueva constitución representativa de la diversidad ciudadana, ha dado lugar a un nuevo momento más complejo, contradictorio y exigente, en el cual las razones que sustentan las decisiones sobre la
formación de listas y la elección de candidatas/os constituyentes pasan a ocupar el centro del debate.
Desde octubre de 2019 se ha ido formando una mayoría que coincide en la necesidad de redefinir el carácter del Estado, de aprobar nuevos principios constitucionales, entre ellos la paridad de género, garantizar el ejercicio de los derechos ciudadanos, entre otros los derechos sociales, derechos a la integridad física y no violencia a las mujeres, el derecho al cuidado y sobre todo la necesidad imperiosa de redistribuir el poder para avanzar en la construcción de una sociedad plural, participativa y paritaria.
Sin embargo, observamos con frustración y fastidio la incapacidad de las dirigencias de los partidos de la oposición para entender el carácter singular de la convención constituyente y deponer sus intereses en pro de la participación ciudadana y mayoritaria en la discusión constitucional. Frente a esta situación, grupos de la ciudadanía, incluyendo militantes de la oposición y miembros del parlamento, se pronuncian en contra de la fragmentación. No está demás insistir en el carácter único de esta elección cuyos resultados tendrán también consecuencias en la confianza y motivación de la ciudadanía en participar en la definición de nuevas normas que sustenten un nuevo pacto social y en ser parte de las transformaciones de la sociedad. Prevalece en los partidos y coaliciones una lógica dicotómica que subraya las diferencias y opone entre sí a los distintos partidos, a los partidos y a los independientes, a los partidos y a los movimientos sociales, los que juntos podrían asegurar una mayoría en la Convención Constituyente para avanzar en cambios sustantivos. No se trata indudablemente de negar los desacuerdos bajo un falso consenso. Se trata más bien de generar condiciones favorables para debilitar el sistema actual, para desmontar los estereotipos y prejuicios que dividen, comprender el significado y alcance de las discrepancias
y producir conocimiento y procesos de toma de decisiones abiertos a la deliberación, a la duda, al debate mirando hacia el futuro, sin encerrarse en el inmediatismo.
Es notable el sello feminista con que estos movimientos han impregnado al debate constituyente. Han hecho visible los derechos de las mujeres a la igualdad y a su autonomía personal y colectiva. También han esclarecido los profundos vínculos de interdependencia que unen a las personas y el papel del cuidado en la vida cotidiana para la producción y reproducción social, y han mostrado la urgencia de cambiar los contenidos de la economía y los objetivos del desarrollo.
La aprobación de la paridad de género en la conformación de la Convención mejora sustantivamente la calidad de la política y la representación democrática y muestra a la vez, los beneficios que tiene acumular fuerzas y generar una mayoría en torno a ideas y propuestas para lograr transformaciones en la distribución del poder en el sistema político.
Argumentos quiere reconstruir las luchas feministas por la igualdad en el ejercicio de derechos ciudadanos y mostrar cómo desde posiciones de menor poder las feministas de sucesivas generaciones interpelaron los sistemas políticos, luchando con nuevas ideas y haciendo uso de nuevas estrategias políticas para avanzar en los objetivos propuestos y reformularlos de acuerdo a las distintas dinámicas políticas. En el presente, Argumentos aboga a favor de que la paridad se generalice a todos los cargos elegidos o designados a nivel central, regional y municipal.
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Argumentos para el cambio en tiempos constituyentes Nº 101