Han sido semanas y serán meses muy intensos donde el tiempo en ocasiones correrá a raudales y a ratos se estancará más de lo deseado.
La esperada inauguración de la Convención Constitucional marcó el inicio de una nueva etapa a través de un camino que hay que ir haciendo al andar para construir los marcos constitucionales que hagan
posible transitar hacia una sociedad más justa, democrática y plural. La respuesta rápida de la mesa directiva y de las instituciones públicas, entre ellas las universidades, para contrarrestar la negligencia en
la instalación de la infraestructura adecuada, fue una buena señal del compromiso y autonomía de las instituciones públicas y de la diligencia de la mesa de la Convención para abordar obstáculos imprevistos. En su discurso inicial Elisa Loncon, en calidad de presidenta de la mesa, se dirigió a toda la ciudadanía llamando a la acción común, al reconocimiento del carácter plurinacional e intercultural de nuestra sociedad, a moverse desde concepciones, experiencias, sentimientos, emociones y voces diferentes hacia objetivos comunes que respeten la diversidad. Las primeras semanas de funcionamiento van dando forma al proceso. Gracias a la deliberación y escucha se ha podido avanzar en la aprobación provisoria de protocolos de funcionamiento y de distintas comisiones: de Derechos Humanos; Participación Ciudadana; Descentralización; Comunicación y Transparencia; Participación Plurinacional y Educación Popular, Social y Territorial; Participación y Consulta con los Pueblos Originarios.
En esta experiencia inédita las y los constituyentes enfrentan varios desafíos que deberán aprender a manejar. El primero de ellos es la combinación de horizontes de tiempos específicos que exige la elaboración de una Nueva Constitución. Ellas y ellos deben actuar de acuerdo con reglas explícitas para dar paso a un espacio de deliberación democrático, lo que toma un tiempo mayor que el de la dinámica política y social contingente. Por otro lado, la elaboración de nuevos marcos constitucionales son propuestas a futuro que deben implementarse solo una vez aprobada la Constitución y luego de sancionarse los nuevos cuerpos legales. Esta tensión exige a las y los convencionales, pero también a periodistas, a la ciudadanía y a los movimientos sociales, un compromiso reflexivo y generoso que respete los tiempos del proceso y de prioridad de las tareas encomendadas a la Convención.
Un segundo desafío se refiere al carácter institucional de la Convención. La procedencia territorial y diversa de las y los convencionales puso en evidencia los múltiples obstáculos y barreras del sistema político actual
para ciertos grupos y la exclusión de otros. La presencia paritaria de mujeres, la diversidad de rostros, de expresiones y de cuerpos que pueblan la Convención, la distingue del carácter solemnemente masculino de los espacios políticos tradicionales. Pero, pese a su cercanía con la revuelta social, la Convención ocupa un espacio diferente responsable de elaborar nuevos marcos constitucionales y redistribuir el poder, en un plazo de tiempo previsto. Luego de lo cual, en un plebiscito de salida, la ciudadanía se pronunciará a favor o en contra de la nueva Constitución. Su objetivo prioritario no es entonces abordar problemas de la contingencia ya que para avanzar en sus objetivos debe preservar una autonomía relativa. Tarea difícil ya que la convención y les constituyentes desde su nueva condición recibirán permanentes presiones desde las redes sociales, los movimientos sociales, los partidos y los medios de comunicación. Por otra parte, es necesario tener en cuenta que cada integrante de la Constituyente forma parte también de organizaciones, comunidades, partidos u otras orgánicas y como tal defienden y se pronuncian respecto a temas de la contingencia nacional más allá del trabajo de la Convención Constitucional.
Además, la Convención se propone actuar en forma transparente, promoviendo la participación incidente durante todo el proceso y frente a cada uno de los temas constitucionales en discusión. A la ciudadanía y
a los movimientos sociales les corresponde aprender a diferenciar los distintos canales de participación y de militancia política sin sobrecargar con demandas a la Convención.