Los meses que han sucedido al 18 de octubre se caracterizan por el esfuerzo sistemático de una parte significativa de la ciudadanía para afianzar, mantener y ampliar la protesta y los espacios de deliberación sobre la crisis actual. A lo largo del país, en distintos territorios, impulsado por distintas organizaciones académicas y sociales o en forma de personas autoconvocadas, se sigue promoviendo la asociatividad. En encuentros simultáneos las personas expresan sus opiniones y los sentimientos que les suscita la crisis actual, comparten las experiencias vividas, muchas dolorosas, las que, al hacerse colectivas, se transforman en convicción de la necesidad de cambio.
En situaciones como la señalada urge reflexionar sobre el poder que tiene la ciudadanía movilizada para cuestionar y transformar las instituciones, es decir, las normas y reglas vigentes que organizan las relaciones entre distintos grupos sociales y la experiencia cotidiana de las personas. La ausencia de reconocimiento de la salud como derecho conduce a quepara muchas personas, una enfermedad grave devenga en un evento traumático que empobrece y dispersa a su familia, mientras que otras que cuentan con recursos individuales, pueden acceder a una salud privada de calidad. Los montos de la jubilación son un motivo de estrés y empobrecimiento para la mayoría de los ciudadanos, especialmente las mujeres, mientras que para algunos pocos grupos puede ser motivo de disfrute y tranquilidad.
Las instituciones no son neutras ni inamovibles, son construcciones sociales que distribuyen desigualmente las oportunidades que les corresponden a los integrantes de distintos grupos sociales; las reglas definen la posición social y los comportamientos esperados de cada quien: hombre, mujer, integrante de pueblo originario, trabajadores, gerentes, chilenos o migrantes. Ellas encarnan las interpretaciones movilizadas por grupos sociales dominantes sobre las jerarquías, la organización y dinámica social, sobre las conductas aceptadas y sancionadas en cada caso. Estos grupos no solo imponen determinadas concepciones, sino que también invisibilizan otras interpretaciones sobre la sociedad deseada y prácticas sociales alternativas.
Transformar las instituciones implica una fuerte lucha ideológica que difunda y legitime nuevas interpretaciones sobre la realidad social, que aumente la visibilidad y fuerza de la mayoría ciudadana para intervenir en la elaboración de nuevos marcos jurídicos. La convocatoria a Plebiscito Nacional en abril de 2020 amplía las oportunidades de contar con una Nueva Constitución elaborada democráticamente. Durante el proceso constituyente es fundamental mantener y acrecentar la fuerza política cultural, ganar aliados/as e incidir permanentemente en el debate y participar en la toma de decisiones colectivas.
Las fases históricas de lucha de los movimientos feministas son un ejemplo de la emergencia y despliegue de una poderosa fuerza por avanzar hacia un nuevo orden institucional deseado, que debilite las bases estructurales y las concepciones, normas y reglas que construyen a las mujeres como un grupo dominado. Los movimientos se han confrontado entre otras, a la institución patriarcal del matrimonio y las relaciones de poder en que se ancla. Han identificado los mecanismos presentes en la institucionalidad educativa y cultural que limitan las expectativas de las mujeres y su autoconfianza personal. Han cuestionado la institucionalidad económica que se sustenta, pero niega el valor del trabajo de cuidado no remunerado.
Descargas y materiales pedagógicos

Argumentos para el cambio en tiempos constituyentes Nº 92

El poder instituyente de los movimientos feministas

Una breve pincelada por la institucionalidad política y las mujeres