Bárbara Delano A. y Rosalba Todaro.
Ediciones CEM, Santiago, Chile, 1993
Hay temas que no se hablan, que no se discuten en el espacio, público. Generalmente son temas dolorosos o a veces simplemente “poco trascendentes”. Son los temas de la vida diaria.
Paradojalmente aquello que se oculta no es lo que está en las profundidades de la vida del ser humano; se omite lo que pasa a diario, los hechos cotidianos, nuestro propio entorno. Y así, casi sin darnos cuenta, nos vamos enfrentando a un hecho, complejo y difícil de entender: a lo largo de la historia personal y colectiva, nuestras experiencias, nuestras percepciones de la realidad han sido sistemáticamente negadas, deformadas o simplemente escondidas.
El asedio sexual no es una excepción; su sola mención genera diversas y contradictorias reacciones de rechazo, burla, descalificaciones o simplemente ignorancia. Están las voces liberales quienes plantean que los “juegos sexuales” en el trabajo u otro lugar son un factor positivo, placentero, que pretenden romper con el tedio y el aburrimiento en el trabajo. Por lo tanto denunciar o pretender, sancionar el asedio sexual es una castración de la sexualidad y sus manifestaciones.